La Operación "Tenaza"

Espero no cometer violación de la confidencialidad de la información de guerra, ni ventilar estrategias o tácticas que tienen que ver con la resolución de conflictos en períodos de lucha, en los que sabido es, se debe actuar por sobre las urgencias que se dan en el combate y mas allá de las reglas establecidas.

Luego de 27 años de silencio me animo a hacer pública la que recuerdo como "la última operación llevada a cabo en servicio por personal de la Batería Comando del GADA 601, iniciada en territorio Malvinense horas antes de recibir la orden de alto el fuego, y concluida con éxito hacia fines de junio ya en territorio continental". La misma no fue detectada, ni registrada y superó las pesquisas y controles efectuados por los ingleses en ese momento, recién hoy verá la luz al ser compartida en este foro.

Pocos excombatientes conocen el desarrollo de las acciones que esta acción secreta contempló, muy pocos estaban al tanto de los aprestos que tuvo en sus inicios, y casi ninguno supo (hasta ahora) el desenlace exitoso en el que derivó la misma.

Puede decirse hoy sin exagerar ni faltar a la verdad que el éxito de esta acción, pergeñada y llevada a cabo en el anonimato por un soldado de la Batería Comando, fue posible gracias a la logística (precaria pero efectiva) provista por nuestro Ejército y que le permitió salir airoso frente a un doble enemigo.

Paso a relatar los hechos, y sepan Uds. que estarán siendo a partir de este momento de los primeros argentinos en tomar conocimiento de la "Operación Tenaza":

Corrían ya los que serían los últimos días de fines de guerra, la alimentación de la tropa no era de la mejor (ni de la peor, ....... en realidad, era lo que era), el frío al que estábamos expuestos normalmente, la falta de sueño, el cansancio físico, el fragor y el stress de los combates se hacían sentir a través de diversas sintomatologías. 

Esta conjunción de elementos y situaciones, sumados a los temores y angustias con los que se vivía, generaba frecuentemente en no pocos, la manifestación de extraños comportamientos e irregularidades que repercutían frecuentemente en la salud y en el equilibrio físico, psíquico y emocional.

Se avecinaban con el alto el fuego ya declarado, días complejos que nos pondrían a los soldados en situaciones nunca antes vividas, ya como prisioneros de guerra de los británicos.

Sumado a este complicado escenario y entorpeciendo la situación, venía desde hacía unos días con momentos de fiebre y ciertos desarreglos digestivo intestinales con presencia de retorcijones y dolores, que atentaban contra la salud y el vigor que en ese momento se necesitaban. Pero ante la coyuntura y en el emplazamiento en que nos encontrábamos en ese momento, estas manifestaciones quedaban en un plano totalmente secundario y salvo en contados y extremos momentos se les podía poner atención.

Evocando aquellos momentos vuelve a mi memoria una tarde, días antes del alto el fuego, durante alguna de las "incursiones clandestinas" a casas ya no habitadas y o depósitos abandonados que nos dábamos el lujo de hacer en las cercanías de Puerto Argentino buscando alimentos o elementos útiles que nos sirviesen para la defensa o para el combate (ya sea del fuego enemigo o del frío).  Esa tarde el amigazo Fernando Miqueles se apareció con casi una horma de queso de rallar (de dudoso estado de conservación y procedencia), capturada en buena ley, y dispuesto a compartirla con este ex dragoneante y otros soldados.  El hambre se hacía sentir en esos días y la realidad fué que nos comimos casi una horma de queso de rallar entre cuatro, en escasos minutos. El tiempo demostraría que algunas consecuencias de esta gran ingesta se iban a prolongar en los días subsiguientes.

Mi estado de salud como ya conté no era el mejor,  con la presencia de fiebre y desarreglos intestinales varios que me hacían recordar -éstos últimos- que a pesar del desgaste de los días de combate, del frío y de la precaria alimentación, aún estaba en estado atlético como para desempeñar quizás papeles meritorios en competencias pedestres, ya que no eran pocos los casos en que "había que correr". 

Ya comenté alguna vez lo problemático que resulta en plena guerra el poder atender como corresponde los llamados y avisos que nos manifiesta el cuerpo; y también se habló en este foro sobre la premura que se requería muchas veces para concretar ciertas deposiciones. Y haciendo honor a la verdad, lo cierto es que no todas las veces en que en estos casos había que correr, se llegaba primero (por lo visto el intestino también se conservaba en forma cuando de velocidad se trataba).

Es justamente en este escenario en el que mas por necesidad y urgencia que por estrategia y objetivos surge la "Operación Tenaza

La situación pintaba como complicada. Por un lado los británicos (el enemigo exterior) ponían "toda la carne al asador" en sus embestidas finales y avanzaban sobre Puerto Argentino dispuestos a matar o morir. En el flanco "interno" tenía otro “enemigo” que también avanzaba sin detenerse y sin miramientos de tiempo y lugar. Eran situaciones en las que había que actuar y decidir muy rápidamente.

La situación externa estaba bajo el control de nuestros jefes militares quienes nos ordenaban las acciones a seguir cumpliendo la estrategia de defensa y repliegue. La situación interna debía ser contenida y controlada con otra estrategia diferente.
La mejor manera considerando los medios disponibles parecía ser cercar la salida del enemigo (cerrando los cantos lo mas posible) y atacarlos a su vez desde su propia retaguardia considerando el sentido de su avance, con lo que podría llamarse elementos químico/bacteriológicos. 
Así fue que pude conseguir unas pastillas de carbón mangueando entre compañeros (si mal no recuerdo fueron cuatro o cinco pastillas "CarboSan" ¿?) que fueron ingeridas raudamente a fin de dar por terminadas las carreras y poder concentrarme como debía en el frente "externo".

Pasaron los días con el alto el fuego, desplazamientos, entrega de armas, trabajos de ordenamiento en Puerto Argentino como prisioneros de guerra, etc, etc . El "enemigo interno" estaba contenido. El "externo" nos trataba como POW pero con respeto.
La conjunción de las pastillas de carbón con el exceso de queso ingerido, cumplían con excelencia el objetivo de detener al "enemigo", la Operacion Tenaza era un éxito, y ni me acordaba por aquellos días de la existencia del intestino y sus manifestaciones.

Recién fué a bordo del Northland que el "enemigo" hizo sentir su nuevamente su presencia de manera muy distinta a la que me tenia acostumbrado. Hubiese ameritado realizar algún tipo de acuerdo para permitir el movimiento y la salida aunque sea de una parte de "sus tropas", ya que si bien se notaba habían perdido la velocidad y fluidez en el ataque de otrora, se notaba a las claras que se habían hecho fuertes en esos días, recuperando y superando la vitalidad y volumen de tiempos anteriores.

“La tropa” enemiga ya no avanzaba alocadamente y ocupando cuanto lugar se le presentara, sino que lo hacía en una forma mucho mas “cohesionada” y "ordenada" pero haciendo notar su presencia y su poder, con intenciones de “arrasar” con cuanto obstáculo se presentase ante ellas.

Fueron vanos los intentos por despedir "al enemigo", (en su totalidad o en parte) que se había afianzado en su posición y desde la misma buscaba avanzar. Parecía que no había forma de hacer pasar toda esa “tropa” por un sendero tan estrecho. 

El soldado inglés que nos custodiaba (había que estar con la puerta abierta en el baño del barco mientras garcabas) se apiadó varias veces de quien relata permitiéndole continuar en esa "dura negociación". Se nota que lo conmovía el ver el sacrificio y tesón que uno ponía en esa acción desesperada. Transpirando, rojo el rostro del esfuerzo, muchos fueron los minutos que pasaron sin éxito alguno.

La operación tenaza seguía en pie, cumpliendo a rajatabla su objetivo, y parecía que había tomado vida propia, pues ya no respondía a sus mandos. 

Sin embargo era necesario darla por finalizada. Acordar un “alto el fuego”. Llegar a una paz negociada. Capitular si fuese necesario. Nada. Todo fue inútil. Solo dolor.

Pasó el viaje de regreso, pasó Madryn sin novedad, demas está decirlo con deterioro de la salud, me sentía como el tujes.

Llegó Campo de Mayo, y en este último sitio tuve que recurrir a refuerzos y alianzas, y develé la "Operación Tenaza" a un sargento enfermero que nos atendía en nuestra recuperación, quien con buen tino optó por un suave laxante. Al poco tiempo esta acción permitió una cierta distensión con el enemigo, permitiéndo la "retirada" de muy pocos "pelotones" de su tropa. El "enemigo" mantenía sus posiciones a pesar de los intentos por forzar su salida.

Llegó el viaje a Mar del Plata, la recepción en la estación de trenes, la noche en la casa del ex compañero “el negro” Cufré, la vuelta al cuartel al otro día, la baja y ……… nada. 

Las tropas "enemigas" (recuerdos de Malvinas) seguían en su mayoría apertrechadas en su posición.


Regresando de noche a Buenos Aires en un micro, creo de la empresa Micromar, y a unos cien kilómetros de abandonada la “ciudad feliz”, el enemigo dijo presente y se me empezó a dificultar la permanencia en el asiento. No había forma de apaciguar tan sencillamente los retorcijones intestinales. Evitando entrar en pánico y no habiendo baño en el micro, intenté dormir, sin éxito.

Levantándome a duras penas y atravesando el pasillo, tomé contacto con el conductor del vehículo, a quien intenté explicarle la situación lo mas moderada pero gráficamente posible: “Loco, me estoy garcando, frená que no aguanto más, ......me muero; .......no garco desde Malvinas”. 

A lo que muy cortésmente el conductor me responde, "Aguantá un poquito que paro en Dolores, ¿podés?" 

La vergüenza seguramente hizo que asintiera y preguntase si faltaba mucho. “Unos minutitos” mandó el fercho.

Los “minutitos” se transformaron rápidamente en "siglos", no había forma de “atenazar” al enemigo que volvía galopante en su ataque despiadado. Dándome vueltas en el asiento (había poca gente en el bondi) pegándome en el abdomen, cruzando las piernas desenfrenadamente, subiéndolas al asiento, estirándolas después, mordiendo la manga de la chaquetilla, el tiempo parecía haberse detenido, no así la actividad de mis tripas.

Nuevamente tomé posición del pasillo y ya llegando al conductor, éste me dice en un tono de voz nada discreto: “Flaco aguantá que ya llegamos” y viendo un cartel que indicaba “Dolores 30” (o algo así no recuerdo exactamente) volví algo esperanzado al asiento.

Llegamos a duras penas a Dolores, y ....................... pasó de largo.

La desesperación se apoderó de mí, y nuevamente encaré al chofer, esta vez ya dispuesto a garcarle el bondi. No me importaba nada, viendo la imposibilidad de detener por mas tiempo al enemigo. Había agotado las municiones. Estaba dispuesto a la capitulación. Nada tenia ya sentido.

“Ya llegamos, ya llegamos” me dice el chabón, y agregando que pasando Dolores estaba su parador.

Me “petrifiqué” al lado de la puerta con las piernas retorcidas y ambas manos sosteniéndome el abdomen, a la espera que llegase, estacionase y abriese la puerta. 

Estaba desfigurado, blanco, no me bancaba mas. Explotaba.

La cuestión es que aún en maniobras de estacionamiento del micro y a través de los primeros centímetros de apertura de la puerta, me lancé al andén y de allí corriendo como una ráfaga al baño, dejando bolsito, casquete, y algo mas, tirados en el asiento. Nada importaba ya.

Concretado el hecho, agitado, con palpitaciones, y algún mareo, pero infinitamente mas relajado, tal cual indica la canción de Hugo Varela ............. "descubro con terror que no hay papel"

Recordé entonces el bolsito en el micro, .........tanteé los bolsillos, ........ninguna canilla cerca, .......vergüenza para pedir ayuda desde esa posición y a los gritos, ....... estaba solo en esta, .......debía encontrar una solución rápidamente.

Pensé entonces en que el Ejército no podía abandonar así a sus soldados, y que alguna herramienta debía haber previsto para casos como estos.

Analizando nuevamente la situación, revisé mis bolsillos nuevamente en busca del milagro. Y ahí me dí cuenta que así era: el Ejército ponía a mi alcance una solución.

Sacrifiqué los cuatro bolsillos de la chaquetilla y el pañuelo provisto, dando así fin y un cierre digno a la "Operación Tenaza".

Luego volví al bondi, me relaje, con el sabor del deber cumplido, y creo que dormí hasta la llegada a Retiro en donde me esperaba mi familia. 
La chaquetilla sería entregada como mudo testigo días después al ir a retirar el DNI  (sin bolsillos).

CCH2007

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