La guerra en tres fechas: 1 de Mayo de 1982

El 16 de Abril llegamos a Malvinas con mi grupo (el de Artillería de Defensa Antiaérea 601) y hasta aquella madrugada del 1° de Mayo, vivimos en lo que se podría llamar una tensa calma. 

No había una preparación “intensa de combate” o “prácticas diarias de tiro”. Los días transcurrían con diversas tareas de alistamiento, preparación y mejora de pozos de zorro, cambiamos un par de veces de ubicaciíon siempre por las afueras de Puerto Argentino,  haciendo en cada sitio parapetos de protección y resistencia para cuando llegase el momento del combate (si es que llegaba).

Como en el servicio militar, allí también se estaba mucho tiempo sin realizar actividades en las que ocupar la cabeza, y por lo tanto, las especulaciones de toda índole y tenor estaban a la orden del día. Ligadas todas desde luego a las derivaciones e implicancias que se generarían con la recuperación de las Islas Malvinas, o al inicio de una guerra armada en las islas con la venida de los ingleses.

Los planteos cubrían un gran abanico de opciones, desde los más livianas e ilusorios: "los ingleses no van a venir", ……"la diplomacia resolverá el conflicto", ……"esto no llega a mayores", ……"si llegamos al enfrentamiento será por una semana y luego se negocia" ……

Pasando por las catastróficas: “Los ingleses traen misiles atómicos y acá se viene un Hiroshima”, …… “Vienen con submarinos atómicos para atacar Buenos Aires y no va a quedar ni el obelisco”, ……”se nos viene la OTAN encima así que mejor cuidemos lo que hacemos” …… "los chilenos aprovecharán si entramos en combate en Malvinas para invadir y quedarse con la patagonia"...........

Las desbordantes de confianza o esperanza: “ni bien pongan un pie en las islas los matamos a todos” …… “los ingleses no necesitan las islas y no quieren pelear”, ……”no hay forma de que nos ganen porque estamos en ventaja numérica”, …… 

Las de máxima: "si los EEUU apoyan a Inglaterra, a nosotros nos apoyan los Rusos y se arma la tercera guerra mundial", …… "Brasil no los va a dejar pasar por sus costas y se suma a una escalada bélica", …… “si los ingleses atacan, salta toda Latinoamérica”;,………….en fin, corrían los rumores de todo tipo, y en general se estaba de buen ánimo y se hacían bromas con la situación.

Los días pasaban sin mayores sobresaltos, día a día llegaban nuevas unidades y tropas, las islas parecían un gran cuartel militar y hacia donde se mirase, se veía movimiento de tropas y vehículos desplazándose de un lado a otro y soldados preparando y reforzando las posiciones y los pozos pensando en facilitar con ellas nuestro ataque, y en protegernos de una ofensiva británica. 

Esa madrugada del 1° de Mayo me encontró de guardia en las afueras de Puerto Argentino. 

Para nosotros (que para ese entonces éramos “soldados viejos” con ya más de un año de servicio militar) hacer guardia era algo "relajado", ya que hacía varios días en los que “no pasaba nada, de nada”. 
Eso nos daba tranquilidad y por ejemplo aprovechábamos para juntarnos con algún otro soldado cercano -también de guardia-, demorando nuestras "rondas de vigilancia" en puntos comunes., para tomarnos un tiempo para charlar, hacer algunos comentarios o chistes buscando que pase más rápido el tiempo y sobrellevar el clima isleño, y a veces compartir algun cigarrillo a escondidas.

En esa situación estábamos con mi ex compañero Gustavo Risso en cercanía de las últimas casas de la ciudad. Aún no despuntaban las primeras luces de ese primero de Mayo. Los fusiles (FAL) apoyados a un costado. Los cascos sueltos para que no molesten. Hablando de música, intentando hacer mas corta la espera para que finalice nuestro turno, y volver a cobijarnos del frio de la noche de Malvinas. 

En un determinado momento, vi a lo lejos iluminarse el cielo por la zona del aeropuerto del otro lado de la ciudad. Fue como un resplandor lejano entre algunas nubes. El primer pensamiento y comentario fue: “Uhh parece que hoy llueve de nuevo” (pensando que se trataba de un relámpago), y en ese mismo momento, escuchamos un lejano ruido como de trueno, una explosión, y tembló el suelo de Malvinas. 

Nos miramos, sorprendidos, no quedaban dudas de que se trataba del primer bombardeo inglés.  
Sin mediar palabras, ambos corrimos a buscar nuestros fusiles, y fuimos gritando a despertar al resto del grupo que dormía, avisando que el ataque y la guerra habían comenzado.

En esos segundos, minutos que siguieron todo era muy confuso, se escuchaban otras explosiones, las primeras reacciones de nuestra artillería respondiendo al ataque inglés, gritos y corridas a los pozos de otros grupos cercanos, oficiales y suboficiales despertándose y dando ordenes de todo tipo, se iba dando una mezcla extraña de sensaciones. 

Por un lado la sorpresa, la conmoción, la euforia de tener que entrar en combate para defender nuestro territorio y probar nuestro desempeño como soldados en una situación nunca vivida (jamás imaginada en realidad un par de semanas atrás). 

Por otro la angustia de que empezábamos a jugarnos en serio nuestra suerte y nuestras vidas en la defensa de las Islas. Cierto miedo de poder estar a la altura de las circunstancias que se diesen. Sentir que el riesgo de vida empezaba a ser algo real. 

Me vinieron a la mente las caras de la familia, que quizás no volvería a ver más, pero que a su vez servían para aumentar ese entusiasmo porque lo que habría que hacer de ahí en más, sería también por ellos. 

Imágenes de las plazas llenas despidiéndonos, apoyándonos, de un pueblo unido al que nosotros representábamos, y al que no podíamos fallarle. Imágenes de alguna película de guerra de las de "sabados de super acción".

Agarrar y encender la radio, para recibir órdenes y saber que estaba pasando del otro lado de la ciudad y como estaba el resto de nuestros compañeros de grupo en  las posiciones distantes; mirar a nuestros superiores (en rango) para que nos digan como proceder, órdenes y contraordenes, disparos, información de todo tipo procedente del radar, sonidos de todo origen que rompían definitivamente la calma en Malvinas......... la locura se iniciaba.

Ya en el pozo, con otros compañeros, entre gritos y comentarios, con la tensión de estar viviendo semejantes momentos, empecé a pensar más fríamente. 

Estos primeros bombazos, nos daban certeza en cuanto al que el combate se iniciaba; se acababan las dudas, las indefiniciones, y las especulaciones. 
A partir de ese momento teníamos por delante un camino que no tenía marcha atrás y en el cual la única opción era recorrerlo. Nos jugábamos la vida. Se iniciaban tiempos y acciones difíciles, y desconocidas para la gran mayoría de los que estábamos ahí. Estábamos realmente en una guerra, viviendo una situación que nunca habíamos imaginado tiempo atrás, y en la que íbamos a tener que hacer también cosas inimaginadas. ¿Alcanzarían las prácticas y las enseñanzas que nos habían dado? ¿Que pasaría con cada uno de nosotros?......

Y en ese momento pensé o tomé conciencia de que ninguno de los que estábamos ahí en los pozos, en Malvinas, iba a volver. 

Algo dentro mío me decía que ese primero de mayo (el combate, la guerra en realidad) iba a transformarnos y nunca más volveríamos a ser quienes habíamos sido hasta ese momento. 

Ese día iba a ser una especie de punto de inflexión, un "click", en nuestras vidas. 

Dije entonces eso a los compañeros de pozo, algo así como "muchachos recordemos esto porque a partir de ahora ninguno de nosotros vamos a volver" (pensando en que quienes volveríamos de Malvinas seguramente íbamos a ser otros muy distintos a los que habíamos sido hasta ese momento). 

No me prestaron mucha atención, desde luego, o me tomaron por un enorme pesimista pensando en que me referiría a la muerte de todos nosotros, salvo un capitán del que ya no recuerdo el nombre que me dijo "pibe tenés razón, vamos a volver siendo otros pero mejores".

Eso en realidad nunca pude comprobarlo. 
Pero en cuanto a los efectos o consecuencias, respecto a las huellas que el combate dejaría en nosotros, el tiempo me terminó dando la razón. 


CCH2007

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