Preparados para la guerra

Muchos continúan hoy, pasados ya mas de treinta años de aquellos locos días de mayo y junio del 82, preguntando si los soldados estábamos bien preparados para la guerra.

Y para tener una idea del grado de esa “preparación”, nos consultan si el armamento que teníamos era acorde a la situación, si el abrigo que teníamos era suficiente para el clima de Malvinas, si el alimento que recibíamos contenía las calorías necesarias, si habíamos realizado tantas o cuantas prácticas de tiro, si había o no en las islas los benditos visores nocturnos, si los misiles, si los fusiles, etc., etc., etc. 


Se enfoca el tema en la logística y en el entrenamiento de lucha.

Pero además, la guerra expone a las personas a vivir y enfrentar situaciones anormales que exigen a su vez conductas anormales para poder superarlas. Situaciones que van mas allá de cualquier preparación física (o incluso imaginación) para la lucha.

De igual forma, la posguerra demanda luego otro proceso de preparación o adaptación para reinsertarse nuevamente en la vida diaria y volver a utilizar conductas “normales”, en un ámbito "normal".

En el caso de la guerra la preparación que brindan las fuerzas suele darse (como se suele consultar o preguntar) en técnicas de combate, en estrategias, en adecuación física a distintos medios, etc.  Preparan al soldado para la lucha, para la pelea, para el ataque y la defensa.
En una situación de riesgo de muerte como son los combates armados, si uno no tuvo esa preparación física (o la que tuvo fue insuficiente), la suplantará con adaptación, que suele ser rápida, natural, instintiva. De supervivencia. El instinto de preservación hace maravillas.

La persona se ve envuelta en situaciones límite, con manifiesto riesgo de muerte, que la obligan a realizar acciones sin reparar en las consecuencias futuras (no hay noción clara de futuro en la guerra, en el combate), ni siquiera en consecuencias presentes. La adrenalina del combate reemplaza todo.
Quien nunca había disparado o peleado antes, lo hará instintivamente. El “expertise”, la “preparación”, para manejar un arma o para pelear, se adquiere (mal o bien), rápidamente. Todos los medios disponibles (escasos o no, modernos o antiguos) se transforman en útiles y necesarios. Todo sirve y es funcional para sobrevivir; y uno utiliza todo lo que se tiene a mano (desde luego con mayor o menor grado de eficacia o eficiencia dependiendo de la situación y la persona).

Pero nadie prepara (o puede estar preparado) para lo que se ve, lo que se oye y lo que se siente durante los combates.

No hablo del miedo que absolutamente todos sienten, y que es controlado por la propia necesidad de supervivencia. O de la sensación de indefensión o angustia que genera el estar en el frente de batalla, frente al enemigo o en un bombardeo.

Nadie está preparado, o no hay preparación que valga, cuando de un segundo a otro, se tiene mutilado al amigo/compañero que está a tu lado. No hay preparación que valga ante el momento en que se pisotean las vísceras y restos de un amigo/compañero. No hay preparación que pueda preveer la reacción de una persona ante los gritos desgarradores de dolor de los amigos/compañeros alcanzados por fuego enemigo. No hay preparación que valga que anticipe (o permita borrar) el olor a carne humana quemada por las explosiones de artillería. No hay preparación que pronostique las reacciones de cada persona en situaciones extremas como las de un combate armado.

A su vez, preparar a las personas para la posguerra, es aún más complicado porque los recuerdos, el dolor, las heridas, no cesan con el “cese el fuego”, y porque uno debe aprender a convivir y sobreponerse a las consecuencias de las acciones realizadas durante la guerra. En general aquellas ligadas a la muerte.
A matar concretamente a desconocidos que al igual que uno y por decisiones políticas de un momento determinado, estaban en similar situación que la propia, en el lugar y tiempo menos apropiados.

El dolor, la culpa, las angustias, por ejemplo no desaparecen simplemente con algunos eufemismos utilizados para justificar lo injustificable, ni adornando los hechos con palabras bonitas. Hay que trabajar sobre ellos para sobreponerse y continuar con la vida.

Y es en este segundo proceso (la posguerra) en el que debiéramos estar mejor “preparados”, pues el combate tiene un final definido (el alto el fuego) pero la posguerra se lleva consigo el resto de la vida, y en ella hay que actuar con consciencia y responsabilidad, planificando el futuro y considerando lo actuado en el pasado. Conteniendo a la persona y ayudándola a encontrar nuevamente una identidad que lo integre en sociedad.

No siempre es fácil sobreponerse a lo vivido en la guerra.

Y en mucho ayuda el no poder sobreponerse, la "preparación" de la sociedad como tal para asumir la responsabilidad de enviar al combate armado a parte de sus integrantes. Y 
la preparación de la sociedad, o del estado, para recibir y ayudar a los que regresan del combate una vez finalizados los mismos a integrarse a la vida "normal". 

Esta es una “preparación” (la de la sociedad) por la que no siempre se pregunta.

Considero entonces que a esta altura de los hechos, la pregunta no debiera ser solamente si los soldados estábamos preparados para la guerra. O cómo estábamos o habíamos sido preparados para el combate.

Debiéramos preguntarnos además si el estado, si la sociedad argentina, estábamos (y estamos) realmente “preparados para la posguerra”. Para recibir y contener a las personas que expusieron su vida en la guerra. Para afrontar las consecuencias de aquel apoyo brindado por todos a ir a una guerra. Para abrirles las puertas y ayudar a esas personas que vivieron el horror de un frente de batalla a reintegrarse en sus roles sociales de la manera menos conflictiva posible.

Tardamos muchos años en hacernos estas preguntas.

Relatos de Guerra (no tradicionales)

Afueras de Puerto Argentino.

Una tarde no definida de mediados de Mayo de 1982.

Posiciones de la Batería Comando del GADA 601.

Transcurrían las últimas horas de la tarde de un día en el que extrañamente el sol brilló radiante en un cielo sorprendentemente claro y calmo para esa época del año, en tierras malvinenses.

Las incursiones aéreas enemigas también habían declinado desde el mediodía, y como ya era costumbre, hasta la noche no se esperaba cañoneo naval inglés sobre las posiciones.

Por este motivo la tropa apostada en los alrededores de Puerto Argentino disfrutaba de un temporal e inusual sosiego en lo que a las exigencias de combate se refería.

Yo disponía de un par de horas hasta la próxima guardia, había concluido la escritura de una carta a mis padres, el fusil estaba listo y preparado, los pozos acomodados para ser utilizados ante cualquier eventualidad, los trabajos encomendados terminados, por lo tanto me dispondría, sin mucho mas que hacer, a intentar descansar un poco para poder hacer frente a las exigencias de la noche.

Noté entonces con algo de preocupación que el llamado del vientre se hacía sentir en mi persona.

La preocupación ante la presencia de estos procesos naturales, se fundamentaba en la alternancia e imprevisibilidad de los estados de constipación, colitis, cólicos y/o diarrea, que la dieta que llevábamos (imposible de ser clasificada bajo ninguna denominación), sumada al frío, y a las situaciones de temor o desamparo, nos provocaban y que desde luego atentaban contra toda regularidad o estabilidad intestinal.

De mas estar decir que los baños disponibles para la tropa eran letrinas que se ubicaban estratégicamente y alejadas de las posiciones. (Para quienes no han tenido el gusto o la ocasión de disfrutar de la excelencia de las mismas, creo conveniente aclarar que estas letrinas estaban conformadas por un par de estrechas zanjas o canaletas cavadas en la turba malvinense, y que en el mejor de los casos disponían de algunos tablones por los cuales transitar evitando el pisoteo de las deposiciones).

Es sabido que los avatares y aprestos del combate, imponen inusual apuro y celeridad a quienes ingresan a estos sitios con intenciones de expeler sus desechos orgánicos, ya que la exposición al fuego a enemigo, es mas evidente durante los procesos de excreción por el simple hecho de estar alejados de la protección de la trinchera o de los pozos de zorro. 

Esta presteza que se impone y se requiere, atenta desde ya de manera exponencial contra la "puntería" que se requiere para "acertar en la canaleta".

En conocimiento de lo anterior y ya habiendo comprobado en anteriores ocasiones “in situ”, que era mas fácil atravesar un campo minado y salir indemne, que visitar un baño de campaña y volver sin recuerdos orgánicos (propios o de compañeros) en los borceguíes y/o en partes del uniforme, decidí que no concurriría a la letrina.


Por tal motivo con la actitud de integridad y dignidad que la investidura de soldado dragoneante me obligaba a demostrar; busque entre mis cosas, tome algo de papel ……………… y la “palita provista", con la firme intención de cumplir con la necesidad fisiológica que se me presentaba (pero no en el sitio definido para esas necesidades).

Y así fue que en soledad, palita en mano, papel en bolsillo y un sinfín de ruidos y contracciones intestinales en el abdomen, me alejé de nuestra posición buscando el mejor sitio para realizar la tarea que los designios de la naturaleza me encomendaban en ese instante.

Unas cuantas decenas de metros recorridos me llevaron hasta una hondonada que a mi parecer cumplía con los requisitos de amparo y resguardo que la tarea a desarrollar requería: a saber, cubrirse de la vista de posibles espectadores, sentirse al resguardo de alguna incursión enemiga y a la vez de la “suave” brisa malvinera que podría hacer que los productos a desechar terminasen en un vuelo rasante en la propia ropa o cuerpo antes de llegar al suelo.

Dando por finalizada la búsqueda, salté dentro de esta “hondonada", y utilizando las sabias técnicas aprendidas en el EA hice un prolijo pocito que tendría los fines de improvisado inodoro.

Finalizada esa tarea, clave la pala en tierra, deje el fusil y el casco a un costado, afloje el correaje y la ropa, y me dispuse entonces a evacuar como Dios manda en la soledad, tranquilidad y privacidad que tal tarea requiere y amerita.

Estando en plena acción, se me aparecieron en forma imprevista, sobre el borde de la hondonada, un sargento y tres soldados de vaya uno a saber de qué unidad o regimiento, a media carrera, agitados, fusil en mano, que al verme en esa situación, se quedaron perplejos y sorprendidos mirándome.

Desde luego la sorpresa fue de todos, y por unos breves instantes nos quedamos todos en silencio sin saber que hacer o decir, y ya entre las primeras risas de los soldados el sargento desde arriba me dice:

“¿Que hacés flaco?” 


Consideré en ese momento que era mas que obvio lo que estaba haciendo, así que solo atiné a encogerme de hombros y decirle

“¿Necesita que se lo diga sargento?”

Y ahí así todos nos reímos, y ellos ya mirando para otro lado y esperando que me incorpore, me explicaron que venían en mi socorro pues a la distancia me habían visto "desaparecer" de la faz de la tierra unos minutos antes.

Nos c@gamos todos de la risa (yo un poco mas literalmente que ellos) les agradecí el que hayan venido en mi ayuda, el gesto y la solidaridad, y me recomendaron: primero tapar bien mis "recuerdos", segundo no andar solo por el campo y por último que use las letrinas y me dejase de joder.

Moraleja: En algunos casos era tan grande el espíritu de protección y compañerismo que se vivía, aún entre personal de distintas unidades y fuerzas, que ni garcar tranquilo te dejaban.....!!



Soberanía y Malvinas


El 20 de noviembre es declarado el "Día de la Soberanía Nacional" al conmemorar la batalla de Vuelta de Obligado.

Se toma este día y hecho como hito, como modelo y ejemplo, por la participación decisiva que tuvo la población argentina cuando vio amenazado el territorio nacional (aunque esa vez no fuese tan así, pues lo que estaba amenazado realmente era el comercio con Europa).

El 2 de Abril es declarado el "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas", algo que a priori suena alejado del pueblo, mas ligado al ámbito militar.

Podemos encontrar muchos paralelismos entre Malvinas del 82 y la Vuelta de Obligado en cuanto al apoyo y a la participación popular para luchar contra un enemigo externo.

Sin embargo pareciera que hubiese una voluntad de no vincular, y sobre todo de no rescatar y ponderar la enorme y decisiva participación que tuvo todo el pueblo argentino en la Guerra de Malvinas en el 82. Pues si
 la gente se hubiese quedado en sus casas como lo hizo tantas veces cuando las juntas de ese mismo proceso de facto pisoteó reiteradamente sus derechos, Malvinas hubiese sido otra cosa.

Es como qque se busca circunscribir la Guerra de Malvinas sólo a una desacertada jugada de un presidente de facto, y no a un hecho histórico que tuvo el aval y el apoyo de toda la sociedad. 

Desde luego que quien dio el puntapié inicial fue ese gobierno de facto (es innegable), y que participaron en Malvinas algunos militares (torturadores, corruptos y asesinos) que nunca debieron integrar las filas de nuestras fuerzas armadas. 

Pero el pueblo entero fue el que se alzó sin convocatoria alguna, tras el anuncio de Galtieri apoyando, vivando y compartiendo la toma y recuperación de las Islas Malvinas. Sintiendo esa recuperación como propia. Demostrando que es capaz de alinearse tras una causa noble, dejando de lado diferencias ideológicas.

Cientos de miles de voluntarios para participar de las acciones bélicas y el apoyo de medios, sindicatos, empresas, corporaciones y el pueblo todo lo demuestran al que quiera verlo.

Será que es mas fácil y conveniente "limitar" lo sucedido en Malvinas en el 82 a la cúpula militar entiendo para no ser parte de la derrota militar.

Pero si no asumimos Malvinas como algo propio, de toda la sociedad argentina, entonces las muertes que tuvieron lugar en la Guerra de Malvinas carecerán del sentido patriótico que tuvieron.


Porque esas muertes se dieron en defensa de la patria; y quienes lucharon y cayeron en Malvinas, empuñaron y dispararon un arma en la guerra por el aval y la motivación que generó el compromiso, la unión y el respaldo de toda la sociedad, de todo el pueblo argentino.

2 de Abril "Día de nuestros veteranos y caídos en la Guerra de Malvinas" una pequeña y enorme diferencia en la denominación de un día. 

CCH