Shell Shock -- Estrés de combate -- La mirada de la mil yardas

El Estrés de Combate, conocido antiguamente como Shell Shock, fué un término militar que se comenzó a usar a partir de la primera guerra mundial, para categorizar una serie de comportamientos y trastornos patológicos derivados de la lucha en el frente. El Shell Shock se consideraba una enfermedad psiquiátrica que únicamente podía ser provocada por afección del sistema nervioso del soldado expuesto a fuego enemigo durante el combate.

Un soldado afectado por Shell Shock podía ser considerado un herido, lo cual le daba derecho a pensión y licencia con honores, o solamente un enfermo, sin los derechos indicados. Para aspirar al primer caso, debía justificarse que la "lesión" había sido producto de haber estado bajo fuego enemigo. Es decir, y trivializando el tema, si la bala no pasaba cerca, el convaleciente ni cobraba ni recibía medalla, llegando incluso a ser estigmatizado como un cobarde. Muchos generales (sin diferencia de bando) interpretaban este tipo de "desorden psicológico" del Shell Shock como cobardía y falta de ardor guerrero, llegando incluso a fusilar por ello a un alto número de soldados.

Muchos años después otro término fue utilizado para describir un síntoma muy común en los ex combatientes. Esa mirada perdida, ida, completamente alejada del entorno en el que estaban, sin fijar la vista en ningún objeto, como buscando algo muy lejano, en el horizonte. Se la definió como "La mirada de las mil yardas".

Es una vista perdida, aturdida, que se aprecia en muchos ex combatientes cuando se meten en sus pensamientos y recuerdos. No es permanente, puede surgir en medio de una conversación. Tampoco es voluntaria.

Desde un tiempo a esta parte, un nuevo término define al horror de la vivencia del combate. Se lo llama "PTSD" (Síndrome de Stress Post Traumático) y se lo aplica a cualquier situación que pueda provocar estrés.

El PTSD habla de un trauma, que abarca casos tan amplios como puede ser chocar con el auto, que te asalten, o la presión psicológica de haber rendido mal un examen. 

También se incluye en la misma categoría, el que te hayan bombardeado durante días sin parar, el que hayas estado con riesgo sostenido de muerte, el que hayas tenido en tus manos la decisión de vida o muerte de un semejante, el tener que vivir con la carga emotiva de haber matado, o con el recuerdo permanente de haber visto volar reventados en pedazos a tus compañeros, o si fuiste herido en combate, etc................ Todo califica como PTSD.

El lenguaje cambia todo, y en estos casos es “conveniente” (obvio: no es casual, ni inocente) que la sociedad le dé nombres relajados como "PTSD" a los problemas que manifiestan sus ex combatientes intentando quizás de esta forma suavizar la denominación e identificación del horror que han vivido; metiendo en una misma bolsa a sus ex soldados con otras personas que no han vivido ni de cerca la presión del combate. 
Del mas definitorio y preciso “Shell shock” definido para situaciones de combate ........... ni noticias quedan.

El problema es que “la mirada de las mil yardas” seguirá estando ahí, inmutable a las denominaciones políticamente correctas que la sociedad utilice, y la seguiremos viendo mientras haya guerras y desde ya, mientras haya ex combatientes. 

Pero es mas fácil hablar de un trauma mas generalizado que de algo tan contundente y específico como es el haber estado en combate, ¿será porque es algo solamente conocido y entendido por quienes lo han vivido y a la vez tan difícil de comprender por quienes no lo han hecho? ¿O será porque ninguna sociedad está preparada para lidiar con las consecuencias a las que se expone a quienes se envía a combatir por ella?.

CCH

La tregua de Navidad (o Que pasaría si se "piensa" en los momentos de combate)

Comparto una nota de Juan Gelmann publicada en 2011 en Pagina 12, que me gustó porque que muestra que puede llegar a pasar si aflora el "lado humano" en una guerra.

Una Nochebuena particular

Cesaron los tiros. Los combatientes de una trinchera comenzaron a cantar un villancico. En la trinchera de enfrente respondieron con el mismo villancico en otro idioma. Los adversarios de ambos bandos salieron a la tierra de nadie sembrada de cadáveres y confraternizaron. Sucedió el 24 de diciembre de 1914 en el frente de la Bélgica francesa donde terminó la guerra de posiciones y tuvo lugar la batalla de Flandes. A esa altura, la Gran Guerra o “la guerra que iba a terminar con todas las guerras” había cobrado decenas de miles de vidas en cuatro meses. Y el pronóstico falló.

La Historia conoce treguas desde Troya, concertadas entre los mandos enemigos para enterrar a sus muertos, rezar por la victoria, dar algún descanso a las tropas. Esta fue espontánea. La instauraron los efectivos alemanes y británicos enfrentados corriendo el riesgo de padecer sendas cortes marciales, tal vez movidos por el encuentro de la memoria de Navidades pasadas en compañía de sus familias, con la fe en Dios y la fatiga de una guerra sin sentido aparentemente provocada por el asesinato de un remoto archiduque. No se trata de un mito ni de un cuento de Navidad: ocurrió, aunque relatos, novelas, canciones y películas que nacieron de este hecho excepcional lo envolvieron luego con capas de fantasía.

Una fuente legítima de conocimiento son las cartas que los soldados, suboficiales y oficiales británicos enviaron a sus familiares y se publicaron en periódicos ingleses locales hasta que su aparición fue prohibida en 1915 (Eden.co.uk - Christian Bookshop - Christian Books, Christian Music & DVDs, Church Supplies and Gifts). Construyen una narrativa sin tapujos que deshace toda posibilidad de literatura fantástica. No hace falta. Menos de 60 metros separaban las trincheras de los contendientes en Ypres y los de un lado podían escuchar las conversaciones del otro cuando callaban los fusiles. El 24 de diciembre de 1914 un extraño silencio acompañó la caída del crepúsculo. A las 11 de la noche, los alemanes alzaron un árbol de Navidad con velas encendidas que recibió algunos tiros hasta que se oyó el “Stille Nacht, Heilige Nacht”. Fue respondido enfrente con el “Silent Night”, el villancico “Noche de Paz” en otras lenguas. Y siguieron otros: “Oh, Come All Ye Faithful” y “Adeste Fideles”.

Los soldados salieron entonces de los pozos de fango en que se habían convertido las trincheras, cremaron o enterraron los restos de los caídos que llevaban semanas bajo el frío invernal, se dieron la mano en medio de la tierra de nadie –ahora de ellos–, intercambiaron cigarrillos ingleses por schnaps y caramelos alemanes y no tardaron en jugar al fútbol con una pelota de verdad aportada por un militar precavido. Los puntiagudos cascos alemanes delimitaban los arcos y no se oían cañonazos, sino gritos de “goal” y “tor”. Los Fritzs les ganaron a los Tommies 3 a 2.

“La noche pasó como en sueños”, escribió el soldado británico Henry Williamson. “Descubrimos que los del otro lado no eran bárbaros, como se nos hizo creer –declaró el escocés Alfred Anderson–, eran como nosotros.” “Nos separamos estrechándonos las manos largamente y deseándonos lo mejor”, anotó en carta a su familia Percy Jones, de la Brigada Westminster. Abundan en esas misivas la mención “soñando despierto”. Los altos mandos franceses negaron lo sucedido, pero Víctor Granier, tenor de la Opera de París, interpretó “Minuit, Chrétiens” y Walter Kirchoff, un astro de la Opera Imperial de Berlín, cantó para los ingleses.

Los jefes militares estaban presos en su indignación: la guerra debía seguir, la matanza debía seguir en aras del interés nacional de cada quien. El general sir Horace Smith-Dorrien ordenó cesar los contactos con el enemigo porque “debemos conservar nuestro espíritu de lucha para acabar con esta guerra rápidamente”. Más rápido hubiera sido ponerle fin: el armisticio se firmó cuatro años después con un saldo de diez millones de muertos y 20 millones de heridos.

El 25 a la mañana se ofició una suerte de misa por los muertos de los dos ejércitos y la confraternización continuó. Como las tropas de reemplazo de los “pacifistas” tardaban en llegar, la tregua se prolongó varios días. Los cañones inauguraron el 1915 creando un Año Nuevo inédito para casi todos. George Wilson, de la 3ª Compañía de Rifleros de Londres, escribió en su diario: “Nos separamos sabiendo que difícilmente nos volveríamos a ver”.

Los capitanes Miles Barnes y sir Iain Colquhoun, de la 1ª Compañía de Guardias Escoceses, intentaron convertir esa tregua en tradición: en la Nochebuena de 1915, efectivos británicos y alemanes sólo se mezclaron media hora en la tierra de nadie, pero durante todo el día de Navidad se sentaban en sus respectivos parapetos a la vista del enemigo sin disparar un tiro. Una Corte Marcial juzgó a los capitanes y el hecho ya no se repitió.

En un mundo que no conoce un solo día de paz desde 1939, con una guerra siempre en algún rincón del planeta, esa tregua parece una ficción. 



Nada (o todo) que ver con la guerra de Malvinas. 

Es decir, ¿que pasaría en el combate, (ese lugar donde jóvenes que no se conocen, ni tienen nada personal en contra de los otros, se matan entre sí por culpa de otros mas viejos, que si se conocen y se odian, pero son incapaces de hacerse daño) si se tomase consciencia y se pudiese reflexionar sobre lo que vendrá después de finalizada la guerra? Si se tomase el minuto de reflexión para analizar que es realmente lo que está moviendo a cada bando a matar al otro.


Esto de la tregua de navidad de 1914, da para pensar un poco en cuantas cosas cambiarían si siguiésemos realmente nuestros instintos y sentimientos, y pateáramos el tablero de vez en cuando.  

Cuan distinto sería el mundo si nos animásemos a ir cada tanto en contra "del orden establecido" cuando sabemos fehacientemente que se está actuando erróneamente, en contra de la vida.

Nos pasó a muchos soldados argentinos, cuando fuimos tomados prisioneros por los 
britts (soldados británicos), el ver que la gran mayoría de ellos no quería saber nada de estar allí, a los tiros con nosotros. Y que no había odio para con nosotros sino respeto, y que se daban al dialogo (duro y confuso espaninglish) y que se preocupaban por saber cosas de uno o darte una mano. 
Algo muy raro considerando que un par de días antes estábamos matándonos unos a otros, pero que muestra que en el fondo, en el frente de batalla, nada es tan distinto de uno u otro lado (hablo de lo que se siente, piensa, vive como ser humano, como personas).

CCH

Preparados para la guerra

Muchos continúan hoy, pasados ya mas de treinta años de aquellos locos días de mayo y junio del 82, preguntando si los soldados estábamos bien preparados para la guerra.

Y para tener una idea del grado de esa “preparación”, nos consultan si el armamento que teníamos era acorde a la situación, si el abrigo que teníamos era suficiente para el clima de Malvinas, si el alimento que recibíamos contenía las calorías necesarias, si habíamos realizado tantas o cuantas prácticas de tiro, si había o no en las islas los benditos visores nocturnos, si los misiles, si los fusiles, etc., etc., etc. 


Se enfoca el tema en la logística y en el entrenamiento de lucha.

Pero además, la guerra expone a las personas a vivir y enfrentar situaciones anormales que exigen a su vez conductas anormales para poder superarlas. Situaciones que van mas allá de cualquier preparación física (o incluso imaginación) para la lucha.

De igual forma, la posguerra demanda luego otro proceso de preparación o adaptación para reinsertarse nuevamente en la vida diaria y volver a utilizar conductas “normales”, en un ámbito "normal".

En el caso de la guerra la preparación que brindan las fuerzas suele darse (como se suele consultar o preguntar) en técnicas de combate, en estrategias, en adecuación física a distintos medios, etc.  Preparan al soldado para la lucha, para la pelea, para el ataque y la defensa.
En una situación de riesgo de muerte como son los combates armados, si uno no tuvo esa preparación física (o la que tuvo fue insuficiente), la suplantará con adaptación, que suele ser rápida, natural, instintiva. De supervivencia. El instinto de preservación hace maravillas.

La persona se ve envuelta en situaciones límite, con manifiesto riesgo de muerte, que la obligan a realizar acciones sin reparar en las consecuencias futuras (no hay noción clara de futuro en la guerra, en el combate), ni siquiera en consecuencias presentes. La adrenalina del combate reemplaza todo.
Quien nunca había disparado o peleado antes, lo hará instintivamente. El “expertise”, la “preparación”, para manejar un arma o para pelear, se adquiere (mal o bien), rápidamente. Todos los medios disponibles (escasos o no, modernos o antiguos) se transforman en útiles y necesarios. Todo sirve y es funcional para sobrevivir; y uno utiliza todo lo que se tiene a mano (desde luego con mayor o menor grado de eficacia o eficiencia dependiendo de la situación y la persona).

Pero nadie prepara (o puede estar preparado) para lo que se ve, lo que se oye y lo que se siente durante los combates.

No hablo del miedo que absolutamente todos sienten, y que es controlado por la propia necesidad de supervivencia. O de la sensación de indefensión o angustia que genera el estar en el frente de batalla, frente al enemigo o en un bombardeo.

Nadie está preparado, o no hay preparación que valga, cuando de un segundo a otro, se tiene mutilado al amigo/compañero que está a tu lado. No hay preparación que valga ante el momento en que se pisotean las vísceras y restos de un amigo/compañero. No hay preparación que pueda preveer la reacción de una persona ante los gritos desgarradores de dolor de los amigos/compañeros alcanzados por fuego enemigo. No hay preparación que valga que anticipe (o permita borrar) el olor a carne humana quemada por las explosiones de artillería. No hay preparación que pronostique las reacciones de cada persona en situaciones extremas como las de un combate armado.

A su vez, preparar a las personas para la posguerra, es aún más complicado porque los recuerdos, el dolor, las heridas, no cesan con el “cese el fuego”, y porque uno debe aprender a convivir y sobreponerse a las consecuencias de las acciones realizadas durante la guerra. En general aquellas ligadas a la muerte.
A matar concretamente a desconocidos que al igual que uno y por decisiones políticas de un momento determinado, estaban en similar situación que la propia, en el lugar y tiempo menos apropiados.

El dolor, la culpa, las angustias, por ejemplo no desaparecen simplemente con algunos eufemismos utilizados para justificar lo injustificable, ni adornando los hechos con palabras bonitas. Hay que trabajar sobre ellos para sobreponerse y continuar con la vida.

Y es en este segundo proceso (la posguerra) en el que debiéramos estar mejor “preparados”, pues el combate tiene un final definido (el alto el fuego) pero la posguerra se lleva consigo el resto de la vida, y en ella hay que actuar con consciencia y responsabilidad, planificando el futuro y considerando lo actuado en el pasado. Conteniendo a la persona y ayudándola a encontrar nuevamente una identidad que lo integre en sociedad.

No siempre es fácil sobreponerse a lo vivido en la guerra.

Y en mucho ayuda el no poder sobreponerse, la "preparación" de la sociedad como tal para asumir la responsabilidad de enviar al combate armado a parte de sus integrantes. Y 
la preparación de la sociedad, o del estado, para recibir y ayudar a los que regresan del combate una vez finalizados los mismos a integrarse a la vida "normal". 

Esta es una “preparación” (la de la sociedad) por la que no siempre se pregunta.

Considero entonces que a esta altura de los hechos, la pregunta no debiera ser solamente si los soldados estábamos preparados para la guerra. O cómo estábamos o habíamos sido preparados para el combate.

Debiéramos preguntarnos además si el estado, si la sociedad argentina, estábamos (y estamos) realmente “preparados para la posguerra”. Para recibir y contener a las personas que expusieron su vida en la guerra. Para afrontar las consecuencias de aquel apoyo brindado por todos a ir a una guerra. Para abrirles las puertas y ayudar a esas personas que vivieron el horror de un frente de batalla a reintegrarse en sus roles sociales de la manera menos conflictiva posible.

Tardamos muchos años en hacernos estas preguntas.

Relatos de Guerra (no tradicionales)

Afueras de Puerto Argentino.

Una tarde no definida de mediados de Mayo de 1982.

Posiciones de la Batería Comando del GADA 601.

Transcurrían las últimas horas de la tarde de un día en el que extrañamente el sol brilló radiante en un cielo sorprendentemente claro y calmo para esa época del año, en tierras malvinenses.

Las incursiones aéreas enemigas también habían declinado desde el mediodía, y como ya era costumbre, hasta la noche no se esperaba cañoneo naval inglés sobre las posiciones.

Por este motivo la tropa apostada en los alrededores de Puerto Argentino disfrutaba de un temporal e inusual sosiego en lo que a las exigencias de combate se refería.

Yo disponía de un par de horas hasta la próxima guardia, había concluido la escritura de una carta a mis padres, el fusil estaba listo y preparado, los pozos acomodados para ser utilizados ante cualquier eventualidad, los trabajos encomendados terminados, por lo tanto me dispondría, sin mucho mas que hacer, a intentar descansar un poco para poder hacer frente a las exigencias de la noche.

Noté entonces con algo de preocupación que el llamado del vientre se hacía sentir en mi persona.

La preocupación ante la presencia de estos procesos naturales, se fundamentaba en la alternancia e imprevisibilidad de los estados de constipación, colitis, cólicos y/o diarrea, que la dieta que llevábamos (imposible de ser clasificada bajo ninguna denominación), sumada al frío, y a las situaciones de temor o desamparo, nos provocaban y que desde luego atentaban contra toda regularidad o estabilidad intestinal.

De mas estar decir que los baños disponibles para la tropa eran letrinas que se ubicaban estratégicamente y alejadas de las posiciones. (Para quienes no han tenido el gusto o la ocasión de disfrutar de la excelencia de las mismas, creo conveniente aclarar que estas letrinas estaban conformadas por un par de estrechas zanjas o canaletas cavadas en la turba malvinense, y que en el mejor de los casos disponían de algunos tablones por los cuales transitar evitando el pisoteo de las deposiciones).

Es sabido que los avatares y aprestos del combate, imponen inusual apuro y celeridad a quienes ingresan a estos sitios con intenciones de expeler sus desechos orgánicos, ya que la exposición al fuego a enemigo, es mas evidente durante los procesos de excreción por el simple hecho de estar alejados de la protección de la trinchera o de los pozos de zorro. 

Esta presteza que se impone y se requiere, atenta desde ya de manera exponencial contra la "puntería" que se requiere para "acertar en la canaleta".

En conocimiento de lo anterior y ya habiendo comprobado en anteriores ocasiones “in situ”, que era mas fácil atravesar un campo minado y salir indemne, que visitar un baño de campaña y volver sin recuerdos orgánicos (propios o de compañeros) en los borceguíes y/o en partes del uniforme, decidí que no concurriría a la letrina.


Por tal motivo con la actitud de integridad y dignidad que la investidura de soldado dragoneante me obligaba a demostrar; busque entre mis cosas, tome algo de papel ……………… y la “palita provista", con la firme intención de cumplir con la necesidad fisiológica que se me presentaba (pero no en el sitio definido para esas necesidades).

Y así fue que en soledad, palita en mano, papel en bolsillo y un sinfín de ruidos y contracciones intestinales en el abdomen, me alejé de nuestra posición buscando el mejor sitio para realizar la tarea que los designios de la naturaleza me encomendaban en ese instante.

Unas cuantas decenas de metros recorridos me llevaron hasta una hondonada que a mi parecer cumplía con los requisitos de amparo y resguardo que la tarea a desarrollar requería: a saber, cubrirse de la vista de posibles espectadores, sentirse al resguardo de alguna incursión enemiga y a la vez de la “suave” brisa malvinera que podría hacer que los productos a desechar terminasen en un vuelo rasante en la propia ropa o cuerpo antes de llegar al suelo.

Dando por finalizada la búsqueda, salté dentro de esta “hondonada", y utilizando las sabias técnicas aprendidas en el EA hice un prolijo pocito que tendría los fines de improvisado inodoro.

Finalizada esa tarea, clave la pala en tierra, deje el fusil y el casco a un costado, afloje el correaje y la ropa, y me dispuse entonces a evacuar como Dios manda en la soledad, tranquilidad y privacidad que tal tarea requiere y amerita.

Estando en plena acción, se me aparecieron en forma imprevista, sobre el borde de la hondonada, un sargento y tres soldados de vaya uno a saber de qué unidad o regimiento, a media carrera, agitados, fusil en mano, que al verme en esa situación, se quedaron perplejos y sorprendidos mirándome.

Desde luego la sorpresa fue de todos, y por unos breves instantes nos quedamos todos en silencio sin saber que hacer o decir, y ya entre las primeras risas de los soldados el sargento desde arriba me dice:

“¿Que hacés flaco?” 


Consideré en ese momento que era mas que obvio lo que estaba haciendo, así que solo atiné a encogerme de hombros y decirle

“¿Necesita que se lo diga sargento?”

Y ahí así todos nos reímos, y ellos ya mirando para otro lado y esperando que me incorpore, me explicaron que venían en mi socorro pues a la distancia me habían visto "desaparecer" de la faz de la tierra unos minutos antes.

Nos c@gamos todos de la risa (yo un poco mas literalmente que ellos) les agradecí el que hayan venido en mi ayuda, el gesto y la solidaridad, y me recomendaron: primero tapar bien mis "recuerdos", segundo no andar solo por el campo y por último que use las letrinas y me dejase de joder.

Moraleja: En algunos casos era tan grande el espíritu de protección y compañerismo que se vivía, aún entre personal de distintas unidades y fuerzas, que ni garcar tranquilo te dejaban.....!!



Soberanía y Malvinas


El 20 de noviembre es declarado el "Día de la Soberanía Nacional" al conmemorar la batalla de Vuelta de Obligado.

Se toma este día y hecho como hito, como modelo y ejemplo, por la participación decisiva que tuvo la población argentina cuando vio amenazado el territorio nacional (aunque esa vez no fuese tan así, pues lo que estaba amenazado realmente era el comercio con Europa).

El 2 de Abril es declarado el "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas", algo que a priori suena alejado del pueblo, mas ligado al ámbito militar.

Podemos encontrar muchos paralelismos entre Malvinas del 82 y la Vuelta de Obligado en cuanto al apoyo y a la participación popular para luchar contra un enemigo externo.

Sin embargo pareciera que hubiese una voluntad de no vincular, y sobre todo de no rescatar y ponderar la enorme y decisiva participación que tuvo todo el pueblo argentino en la Guerra de Malvinas en el 82. Pues si
 la gente se hubiese quedado en sus casas como lo hizo tantas veces cuando las juntas de ese mismo proceso de facto pisoteó reiteradamente sus derechos, Malvinas hubiese sido otra cosa.

Es como qque se busca circunscribir la Guerra de Malvinas sólo a una desacertada jugada de un presidente de facto, y no a un hecho histórico que tuvo el aval y el apoyo de toda la sociedad. 

Desde luego que quien dio el puntapié inicial fue ese gobierno de facto (es innegable), y que participaron en Malvinas algunos militares (torturadores, corruptos y asesinos) que nunca debieron integrar las filas de nuestras fuerzas armadas. 

Pero el pueblo entero fue el que se alzó sin convocatoria alguna, tras el anuncio de Galtieri apoyando, vivando y compartiendo la toma y recuperación de las Islas Malvinas. Sintiendo esa recuperación como propia. Demostrando que es capaz de alinearse tras una causa noble, dejando de lado diferencias ideológicas.

Cientos de miles de voluntarios para participar de las acciones bélicas y el apoyo de medios, sindicatos, empresas, corporaciones y el pueblo todo lo demuestran al que quiera verlo.

Será que es mas fácil y conveniente "limitar" lo sucedido en Malvinas en el 82 a la cúpula militar entiendo para no ser parte de la derrota militar.

Pero si no asumimos Malvinas como algo propio, de toda la sociedad argentina, entonces las muertes que tuvieron lugar en la Guerra de Malvinas carecerán del sentido patriótico que tuvieron.


Porque esas muertes se dieron en defensa de la patria; y quienes lucharon y cayeron en Malvinas, empuñaron y dispararon un arma en la guerra por el aval y la motivación que generó el compromiso, la unión y el respaldo de toda la sociedad, de todo el pueblo argentino.

2 de Abril "Día de nuestros veteranos y caídos en la Guerra de Malvinas" una pequeña y enorme diferencia en la denominación de un día. 

CCH

Que se aprende en la guerra


Que morir en combate lo único que te transforma es en cadáver (no en héroe),

Que no ofrendas tu vida en el combate (sino que te la quita una munición enemiga),

Que la guerra no es ninguna gesta honorífica (es una experiencia traumática sin parangón),

Que el combate no te hace ni mas guapo (un mono con un FAL en las manos puede hacer maravillas), ni mas hombre (hombre te definen las pelotas que la naturaleza ha provisto para ese fin),

Que no sobrevive al combate el mejor, ni el mas preparado (sino el que tiene mas suerte),

Que no hay ganadores entre los que combaten (los únicos que ganan son los que impulsan las guerras y las viven desde lejos, lucran con las muertes),

Que no es un campo de honor el de combate, (sino que es el lugar en el que se expone a jóvenes a una situación extrema y desesperada con riesgo de muerte),

Que lo que se defiende en el combate es por sobre todas las cosas la propia vida y la de los compañeros (y no los conceptos etéreos y políticamente correctos de libertad, soberanía, etc.)

Que los olores a carne quemada y mutilada, o los gritos desgarradores de dolor de los compañeros no se borran con el alto el fuego (persisten en la memoria a pesar de los esfuerzos por olvidarlos).

Que es muy perverso que desde el poder político y económico se "glorifique" o "ennoblezca" el participar de una guerra, sin avisar las terribles consecuencias que del combate.

Que la guerra poco tiene que ver con lo que se ve en las películas.


Que la guerra es un recurso de última al que se llega por la estupidez infinita del ser humano, por su incapacidad para resolver sus propios conflictos, y por la desmedida ambición de intereses económicos y réditos políticos que nunca, jamás, se miden ni medirán en vidas humanas.

Que los soldados son (y fuimos) la moneda de cambio con la que se paga el costo de las guerras.

Que el "reconocimiento" al ex combatiente, seguramente proviene de un "remordimiento" de la sociedad por haberlo enviado a la guerra.

Que si mato en la guerra para defender algo que supuestamente es de todos, está bien y me aplauden y felicitan, pero si mato por defender a mi familia está mal y me acusan y me condenan.


Que si en lugar de enseñar en la guerra que "el soldado no piensa, el soldado obedece", le enseñaran a pensar, seguramente se evitarían muchas guerras.

"La primer víctima de la guerra es la verdad" (dicen), pero en realidad la gran víctima es la "identidad". La guerra destroza la identidad de los combatientes. Nadie "regresa" de una guerra. Se regresa siendo "otro".


Y también se aprende que cuando uno deja lo mejor de sí en pos de lograr un objetivo, cuando está convencido de porque compite, y lo hace de manera limpia, no importa el resultado.

Y que palabras como Honor, Dignidad, Respeto, Hermandad, Sacrificio, Dolor, Orgullo, Traición, toman otro sentido que muy difícilmente sea entendido por quienes no tuvieron la opción de combatir en un frente de batalla representando a toda una sociedad y defendiendo un interés común.



CCH




Fin de la Causa Malvinas

"Causa" es por definición el motivo, el origen, el fundamento de una acción; el deseo, la necesidad que nos impulsa a hacer algo.

Ahora bien, con las ganas, con el deseo, con un motivo justificado, no alcanzaremos nunca los objetivos que nos planteemos. No obtendremos nunca resultados.
Para alcanzar una meta, hay que convertir la causa, el deseo, en un “Proyecto”, pues un proyecto involucra un plan, una estrategia, actores, recursos, sponsors, plazos, etc.
Si queremos lograr algo, alcanzar una meta, un objetivo, debemos prepararnos, planificar, elaborar un plan de acción, elegir los mejores recursos, entrenar, analizar las posibles consecuencias, los entornos, las alianzas, considerar otros puntos de vista, etc.

En el caso de Malvinas hablamos hace ya más de 100 años de la “Causa”, de defender la “causa”, de mantener viva la “causa”, del alcance nacional de la “causa” y otros conceptos por el estilo. La “causa Malvinas” existe, es casi “innata” en los argentinos; tiene "vida propia", se defiende sola. Creo que es hora de decir basta y dejar de hablar de la “Causa Malvinas”

A la guerra de Malvinas, fuimos con un objetivo claro, con una meta clara: recuperarlas (y eso era casi lo único claro que teníamos). 
Luchamos por alcanzar esa meta con el corazón, "con las ganas", con el sentimiento, con “las tripas”. Y demostramos que con eso “bélicamente” estuvimos a la altura de las circunstancias (ya que fuimos reconocidos en ese rol por nuestros propios enemigos). 

Nos movía un noble y fuerte sentimiento. ¿Las recuperamos? ¿Cumplimos el objetivo?: Lamentablemente “no”, y eso nos costó muchas vidas.

Quienes murieron lo hicieron con -y por- la imagen de la unión de toda la sociedad, dejaron sus vidas por defender un objetivo común. Pelearon con y por un sentimiento.

De ellos tenemos que aprender a que vale la pena el esfuerzo, el dar lo mejor de uno cuando se está convencido del motivo por el que se lucha, y cuando se busca alcanzar un objetivo común que nos motiva.

De la experiencia colectiva, tenemos que aprender que no hay soluciones mágicas; que está muy bien “sentir” “desear” algo, ya que esos sentimientos serán el motor de nuestras acciones, pero que alcanzar una meta (sobre todo una gran meta) lleva consigo un gran esfuerzo previo, que es necesario elaborar un plan, prepararse, involucrar a los mejores recursos, ordenarse, planificar, diagramar, conocer las limitaciones, fortalezas y flaquezas propias y del contrincante, hacer alianzas, y muchos otros etcéteras.

De esa manera, convencidos, con un buen plan, alcanzado el objetivo propuesto o no, estaremos en mejores condiciones que antes de intentarlo, seremos “mejores” que antes, habremos “crecido” en el intento.

Porque la mejora, lo valioso, el crecimiento real, se da normalmente en el camino que se recorre para alcanzar una meta y no precisamente al alcanzarla.

Se “gana” en el proceso y se corona el esfuerzo al obtener la meta. Y se puede ganar sin alcanzar los objetivos propuestos.
Y si no se puede obtener la meta, dolerá desde luego, pero se estará (mejor) preparado para volver a intentarlo, y motivará a otros para que lo intenten.

Creo que ya es hora de dejar de hablar de la Causa Malvinas y empezar de una vez por todas a pensar y dar forma a un Proyecto Malvinas.

Si seguimos hablando de la causa, Malvinas seguirá siendo un deseo, una aspiración y seguiremos presos de nuestra incompetencia para recuperarlas, presos de nuestra propia indiferencia e inacción hacia la islas por tantos años y presos de pretender evitar nuestra responsabilidad en la guerra de 1982 y sus consecuencias. Seguiremos esperando que alguien, un día, nos dé una receta o una solución mágica para recuperarlas. Ese alguien fue Galtieri el 2 de abril de 1982 al que todos le creímos, y apoyamos, y todos estuvimos de acuerdo en ir a la guerra contra Inglaterra. 

Está claro que ése no fué el mejor camino. Los veteranos de guerra somos la muestra viviente de lo que un día estuvimos todos convencidos que era lo correcto hacer. Somos parte de las consecuencias de una decisión quizás facilista y apresurada. Somos la prueba y el resultado de acciones que decidimos realizar sin mucha preparación ni planificación.

Malvinas y la guerra es responsabilidad de toda la sociedad. La posguerra y lo que queramos hacer a futuro respecto a las Islas Malvinas también. Por eso dejemos de lado por un tiempo la “causa”, y pensemos en formas activas y productivas de involucrarnos para definir entre todos un “Proyecto Malvinas”.


                                                                                                                                                       CCH2007

Militares en Malvinas

HdP (*) hay en todas las latitudes, en todas las profesiones, en todas las corporaciones, en todos lados donde se agrupen seres humanos. 

El tema no es que existan -porque eso es inevitable-, sino lo que se hace con ellos. 

La gravedad pasa por el amparo que se les da a los HdP sean quienes sean, sean del “bando” que sean. La gravedad pasa por las instituciones que apañan encubren y defienden a HdP.

En Argentina hubo “terroristas” HdP que no dudaron en matar para imponer una ideología, un modelo de país en el que supuestamente creían. 
Y también hubo militares HdP que teniendo TODO EL PODER del estado a su favor, no dudaron en contestar la violencia de la misma o de peor forma. 
Y desde luego también hubo políticos, empresarios, corporaciones de HdP que amparados detrás de militares y de terroristas, dejaron hacer en su propio provecho, hundiendo al país en el peor momento de su historia.


La cuestión Malvinas está fuera de esa discusión. La Guerra de Malvinas -lamentablemente- está manchada por esta discusión. Algunos de los actores de la Guerra de Malvinas (militares de grados y armas diversas) no tienen una historia limpia respecto a su accionar durante el PRN, por lo tanto si fueron HdP, merecen ser juzgados y castigados por sus actos.

Una cosa no invalida la otra.

En la guerra pudo haber militares HdP, pero por suerte muchos otros fueron de los buenos, y entre ambos hay una coincidencia de tiempo y espacio, y una causa nacional que los excede inmensamente a ambos y que no debe ensuciarse con unos ni limpiarse con los otros.

En mi paso por la guerra de Malvinas conocí de los dos tipos de militares, condeno a los HdP, saludo con respeto a los otros.

El desafío es identificar a unos y otros, y hacer que paguen los que deben por sus actos de traición, de terrorismo, de vandalismo, de corrupción y tantos otros ámbitos en lo que la "hijoputez" prolifere. Y celebrar la existencia de los buenos.

En lo personal al Ejército Argentino como "institución" no me simpatiza, creo que es el culpable de muchos de los males que padecemos como país pero eso no quiere decir que quienes trabajan en ella sean todos corruptos o condenables. Para nada. Como en todos los lados, por suerte son mayoría los actúan con entereza, a ellos mis respetos.
Malvinas no está exento de ambos tipo de actores (lamentablemente). 

CCH2007

(*) HdP: Hijos de Puta

Que recuperamos con la guerra de Malvinas

Considero no equivocarme demasiado al pensar que Malvinas del 82 fue, y es, el hito de nuestra historia alrededor del cual convergió el país entero. 
Malvinas movilizó a toda la sociedad; poderes económicos y políticos, fuerzas sociales, representantes religiosos, deportivos, medios de comunicación, líderes y seguidores (de derecha y de izquierda), industria y comercio, empresarios y sindicalistas, etc. etc. estuvieron todos alineados, movilizados por Malvinas. Apoyando la toma y recuperación -violenta- de Malvinas.
El gobierno militar (y los poderes que lo instalaron y lo sostuvieron), “lograron” de la noche a la mañana, la tan utópica unidad nacional en pos de la defensa de la soberanía, arrastrando a todos los habitantes (o a casi todos) a una loca carrera por la obtención de un (muy hipotético) triunfo militar, recuperando de un plumazo unas islas que muchos, en aquel entonces, ni recordaban o siquiera contemplaban su existencia.
¿Se llegó a esto luego de haber alcanzado el consenso necesario para avalar y realizar la acción propuesta, respaldando la experiencia de una guerra?
¿Se analizaron en conjunto (poderes, instituciones, gobierno, sociedad, etc) las amenazas, las trampas y las consecuencias a las que se expondrían a varias generaciones? ¿Se contemplaron mínimamente los riesgos de semejante decisión?
Sencilla y simplemente: No.
Pero Malvinas nos volvió activos y nos movilizamos apoyando una guerra, cuando pudimos habernos quedado en nuestras casas en silencio, dándole la espalda a esa “locura”. Así de simple; como había sucedido en tantas ocasiones cuando también había que manifestarse para lograr alguna reivindicación social, o para defender nuestros genuinos derechos, y no lo hicimos por comodidad, por conveniencia, o por miedo.
Pero no fué así con Malvinas.
Malvinas hizo que toda la sociedad saliese a la calle apoyando. Malvinas provocó una unión impensable en ese momento. Duró poco, pero se dio.
La guerra de Malvinas fue (como toda guerra) una experiencia traumática, que tuvo sí abundantes hechos y acciones muy meritorias y muy valiosas de muchos, muchos, “héroes” que participaron en ella.
Pero Malvinas fue además una experiencia colectiva, que generó una autentica, espontánea y fuerte unidad social.
Por unos cuantos días con la Guerra de Malvinas recuperamos parte de nuestro territorio, pero también recuperamos la unión y la movilización de la sociedad en pos de un objetivo común.
Con la derrota, esa unidad se diluyó. Hubo luego un tiempo de mirar para otro lado, de evitar tocar el tema, pero despacio, con el correr de los meses y los años, y a pesar de las diferencias conceptuales, de ideales, culpas, admiraciones, lástima, comprensión, orgullo, nacionalismo, o de lo que sea, -que existen y van a seguir existiendo- se fué instalado en la sociedad un sentimiento colectivo hacia y por “Malvinas”, algo que (con sus matices) nos une, nos cohesiona.
Vuelve a aparecer un alinearse tras un sentimiento común, un objetivo común, hacia las islas como tales, o hacia quienes participamos en forma directa de esa guerra, o hacia quienes padecieron y padecen las secuelas de ella, o hacia lo que significó y significa para Argentina esa guerra.
Malvinas fué una experiencia dolorosa, cruel, para quienes participamos directamente y perdimos la guerra.
Una experiencia despiadada para las familias que perdieron a alguno de sus integrantes en esa guerra, y para las que tienen que convivir aún hoy con los efectos, con las secuelas y consecuencias de ella. Una experiencia muy compleja para los gobiernos de turno que no supieron o no quisieron gestionar.
Una experiencia producto de la responsabilidad y el compromiso de toda la sociedad.
Justamente por la unión que provocó, por la adhesión que generó y genera, Malvinas también debiera ser una experiencia que hunda para siempre el “no compromiso” y la credibilidad ingenua y facilista que como sociedad nos damos el lujo de enarbolar, permitiendo las locuras y divagues de quien esté sentado en el sillón de Rivadavia (sentado ahí con nuestro aval y permiso).
Una experiencia que nos recuerda y nos muestra que juntos, con consenso y unidos, podríamos muchas veces torcer el rumbo y lograr cosas que pueden parecer imposibles.
Una experiencia que nos advierte que a pesar de las diferencias que todos tenemos, e incluso con ellas, hay temas en los cuales podemos y debemos estar codo a codo, que hay intereses comunes que debemos defender mas allá de aspectos personales o sectoriales.
La Guerra de Malvinas unió a la sociedad y lamentablemente no sirvió para recuperar las islas, pero debería también servir para recuperarnos a nosotros mismos, como sociedad, y así los muertos de Malvinas tendrían también ese otro significado, el de la unidad, pues ellos murieron por ella.
CCH

"Cambalinas" (o el "cambalache" que quisieron hacer con "Malvinas")

Lo que sigue es una "adaptación libre" del tango Cambalache hecha en el 2008, tratando de ponerle un poco de humor a la situación en la que estábamos (o estamos ¿?) por la falta de un estado contenedor, por la inexistencia de una política nacional y coherente hacia los VGM, por las subdivisiones dentro de los mismos excombatientes, por la aparición de los movilizados tratando de ponerse en un pie de igualdad y desmereciendo lo actuado por los VGM, por la falta de planes serios de atención y contención para la salud física emocional y psicológica, etc., etc. 

Todo había sido y era (¿es?) un tira y afloje de intereses, acusaciones, disputas por cuotas de poder, acomodos, favores, billetes, promesas maliciosas, ...... mientras se sucedían reiterados suicidios de VGM. En ese entorno, entre todo eso, salió esta versión libre que comparto:



"Nuestro" Cambalache
Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el ochenta y dos
y en el tres mil, también.

Que siempre ha habido chorros,
tiranuelos y estaqueados,
muertos y suicidados,
"Ladris" y los "de bien".

Pero que "Nuestra causa"
es un despliegue 
de "maldá" insolente,
ya no hay quien lo niegue.

Vivimos revolcaos 
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseados.

Hoy resulta que es lo mismo
ser soldado que traidor,
"Veterano", "Movitrucho",
o "Al sur del 42"...

¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un "ladri"
que un "Ex soldado".

No hay "Bombardeaos" 
ni "Abnegación",
los inmorales 
se nos han "infiltrao".
Si uno estuvo en los cuarteles,
y otro en "las Islas" murió, 
da lo mismo haber luchado, combatido, peleado,
que dormido, calentito en un colchón.

¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
Cualquiera hoy fué "Soldao",
cualquiera hoy "Combatió"...


Mezclaos por el gobierno
están “truchos y milicós",
y otra "Federación",
con "Movis" y "avivadós"...


Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
han mezclao MALVINAS,


y teñidas con la sangre 
de soldados
ves llorar las Islas
junto a un calefón.


Milicote (dirigente) cambalache
que no ha tocado un fusil...
Ud que llora y que mama
Ud que es ladri y servil.

¡No boludeé mas...!
¡Córrase ya...!
¡Que al Veterano
usté ni puede mirar...!

No estafe más; 
córrase a un lao,
no vé que muchos 
ya se han suicidao...

No es lo mismo el que pelea
para "sus representaos",
que el que roba, o el que afana,
que el que estafa o el que transa,
siempre "bien acomodáo"... 

CCH (Junio 2008)

Al "ex mayor" del ejército Carlos Plá

Aquella tarde en Malvinas
habían muerto compañeros
la muerte ....  llevó artilleros,
.......tras su manto de neblinas.

Nos quedamos en el puesto
atentos a los combates
vos y yo, tomando mate.
Era un presagio funesto.

Te respeté hasta ese día
como un recto militar,
no se me ocurrió indagar
tu accionar de policía (*).

Vos llegaste a las Malvinas
a cargo del “juguetito”:
el Roland (misil maldito)
de la defensa Argentina.

Sin embargo en esos días 
de combates y de muerte
tu mente corría otra suerte:
Combatir ….. vos no querías. 

 Tras su manto de neblinas....,
un “ascenso” posterior,
era tu anhelo interior,
nunca te importó "Malvinas".

¿Conoces Montevideo?
Tiraste, ….. “sin vaselina”.
Tu consulta repentina.
Fue peor que un bombardeo.

Mi cabeza no paraba
tratando de comprender 
¿que debía Yo entender
en la duda que planteabas?.

Y explicaste sin moral,
que a Uruguay nos llevarían,
cautivos en pocos días 
por ser un puerto “neutral”. 

Te c#gabas en Malvinas,
solo querías “volver, 
con tu hija y tu mujer.
Regresar a tu oficina”.

Eso usaste de “pantalla”
Cuando al fin te pregunté
"¿Por qué vamos a perder,
si estamos dando batalla?"

Y me hablaste de las Fuerzas….,
de desinteligencia argentinas….,
de voluntades mezquinas….
de situaciones adversas…. 

Destruiste mi esperanza,
con tu “rollo” de traidor,
Dejaste de ser “mi mayor”
Pisoteaste mi confianza,

Dabas todo por perdido,
pensabas ser prisionero, 
y desde un puerto extranjero
volver, ….. y ser ascendido.

Terrible hijo de mil p#tas:
Eras "mayor militar" 
Tu deber era luchar, 
y dar ejemplo al recluta.

Tremendo hijo de mil p#tas:
Eras "mayor militar" 
Tu deber era pelear, 
al lado de tus reclutas.

Y tal como vos querías,
habrás vuelto a algún cuartel,
y a teniente coronel
te habrán ascendido un día.

Atrás dejaste la guerra,
pero tu historia “puntana”
de represión ciudadana,
esa historia ……… no se cierra.

CCH


(*) Carlos Pla (Mayor del Ejercito en Malvinas) fué Jefe de Policía en San Luis durante al dictadura militar y está acusado a prisión perpetua en un juicio por crímenes de lesa humanidad.

Al Capitán Carlos A. Calvo (GADA 601)

Creíste que ser militar
requería adiestramiento
en recitar reglamentos
y en hoooooras de desfilar.

El borceguí bien lustrado,
y el uniforme impecable.
Era algo incuestionable
ser ducho en “Orden Cerrado”.

Capa-poncho mal doblada:
diez días de calabozo.
Y si estabas quisquilloso,
toda la tropa bailaba.

Lo tuyo era apretar giles
o intimidar estudiantes,
Seguro te era excitante
espiar "zurdos" y albañiles.

Que distinta fue la cosa
al pisar Islas Malvinas,
Se te escapaba la orina
ante la OTAN belicosa.

Cuando las bombas caían
te quedaste congelado,
en el pozo, "acovachado"
y tu voz … ya nadie oía.

De que cuernos te sirvió
Aprender los reglamentos,
Practicar alistamientos,
Si el miedo …. te devoró.

Capitán en la Argentina,
soldadito "de cuartel",
Triste ha sido tu papel
en la Guerra de Malvinas

Fingiendo una enfermedad
te escapaste como rata
partiste en una fragata.
en total clandestinidad.

Te volviste al continente
mientras los otros morían
¿Te preguntaste algún día,
que habrá sido de tu gente?

Te insultaron compañeros
a todos abandonaste
a pocos decepcionaste
siempre fuiste un traicionero

Que la culpa te devore
que no duermas nunca más
que te lleve Satanás
y el infierno te atesore.


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(Carlos Alberto Calvo fué un Capitán del GADA 601 que se arrojó, a los pocos días de iniciados los combates por Puerto Argentino, contra una cocina de combate para hacerse pasar como herido y ser trasladado al continente).

CCH

"Me están tirando, carajo..!!." (Sargento Primero Jorge Evaristo “El Roña” Velazco) --- CUENTO ---

Lo recordaremos siempre con el respeto y la admiración que supo ganarse a lo largo de tantos años de servicio. Vivirán en nosotros como imborrables y eternos ejemplos, su bravía, su coraje sin parangón y la sencillez de sus razonamientos en pos siempre de cumplir un objetivo. Su férreo respeto por la ley, por los reglamentos y por las órdenes de sus superiores le costó muchas veces el odio y en ocasiones hasta el vacío de sus propios pares y camaradas de armas. Es que el Sargento Primero Velazco siempre privilegió el cumplimiento de su deber por sobre cualquier otro valor o necesidad.

Indiscutido referente de colegas y superiores por sus conocimientos en el terreno del combate, su figura nunca pasaba desapercibida entre los uniformados. Y no nos referimos a sus mas de 145 kilogramos repartidos muy poco uniformemente en su metro sesenta y cinco de estatura, que hacía de su cuerpo un desafío al buen gusto y a las reglas del arte de la anatomía humana. No señor. El “Roña” como le decíamos cariñosamente quienes lo admirábamos, se destacaba (además) por su personalidad, por su rudeza, por el respeto que imponía su agresiva presencia.

Muchas veces llegó a ser catalogado de corto, pero fue porque siempre supo mantenerse relacionado con todos y a la vez con ninguno. Quizás fruto del íntimo conocimiento de su razón de ser (el combate frío, despiadado), o de la responsabilidad y sentimiento con los que encaró y desarrolló, tanto su formación como su carrera militar, aprendió a no expresar sus sentimientos ni a relacionarse mas allá de lo profesional con sus pares, con sus subordinados y hasta con sus superiores.

Sus breves diálogos, sus concisas y en general secas apreciaciones, siempre estuvieron relacionados a lo estrictamente militar. Velazco entendía que por su profesión cualquiera de sus camaradas de hoy podía no serlo mañana, quizás victimas del enemigo de turno o quizás por las propias vicisitudes de la vida militar. Optó entonces por mantener distancia con todos, se inclinó por la soledad antes que brindarse a una amistad que el destino podía truncar en cualquier momento.

Quienes tuvieron la suerte de compartir con él situaciones alejadas de coyunturas adversas y pudieron verlo despojado de todo convencionalismo, se animan a afirmar que detrás de aquel duro militar habitaba sin dudas un ser humano hasta sensible y comprensivo, que comportándose de esa forma, evitaba sufrimientos mayores.

En su vasta carrera fueron numerosos y variados los destinos que le fueron asignados; a pesar de ello nunca se le escuchó una queja, jamás una disconformidad. Ya sea que estuviese destinado en la soledad del monte, en la frialdad de las montañas, o en la calidez de alguna ciudad del norte, centro, o sur de nuestro país. Todo estaba bien para “el Roña” mientras pudiese cumplir con su deber. En rigor de la verdad y si bien no era común escuchar de su boca cualquier tipo de queja, tampoco se recuerdan en él expresiones de alegría, ni tampoco de agradecimiento, o en general comentarios. Así era él: silencio; rudeza en estado puro.

Su andar cansino, la escasez de pluralidad de su vocabulario y quizás la rigidez y aspereza de su rostro, siempre acompañados por los fuertes y marcados gestos de los que se valía para dar mayor peso y vehemencia a sus órdenes, dieron en muchas ocasiones lugar a habladurías sobre una marcada tendencia en Velazco a la tristeza o a la melancolía. Atribuida innumerables veces a algún desengaño amoroso de su juventud, otros en cambio directamente a la brutalidad de su persona. Fue por eso que durante fines del 79 y parte del 80, sin él saberlo muchos de sus camaradas llegaron a llamarlo respetuosamente “el Animal”.

Recio, rígido, y quizás hasta desagradable para quienes no lo conocían íntimamente, áspero en el trato, el “Roña” supo hacerse lugar en nuestro corazón. Subalterno distante pero a la vez cercano, compañero siempre dispuesto a escuchar, superior que nunca asumió que su vida fue ejemplo de generaciones. Eso era el Roña. La esencia misma de entrega y de dedicación a la vida militar. Ordenar y cumplir órdenes. Es lo que debemos rescatar y recuperar del Sargento Primero Velazco para que su paso por la fuerza no quede en el anonimato. Mucho menos en el olvido.

Miraba a sus interlocutores con abierta y brutal desconfianza, prolongaba los silencios, parecía que intentaba permanentemente descifrar un segundo plano en la comunicación. Esto motivó que en no pocas ocasiones fuese catalogado de abstracto, de metafísico o simple y más frecuentemente de retrasado. Cuan errados estaban.

Su “latiguillo”, su frase mas conocida y repetida, y que en innumerables ocasiones era su primera y única respuesta después de varios minutos de silencio: “¿Que es lo que é?” quedará por siempre en la memoria de colegas, superiores y subordinados.
Pero quienes logramos conocerlo mas allá de su coraza, sabemos de la adaptación y versatilidad de Velazco, ya que cuando él consideraba que había alcanzado una cierta confianza con un par o especialmente con un subordinado (nunca con un superior) se dirigía al mismo con un franco “¿Que cosa dice culéau?”. Así, siempre de usted, tal era la distancia que él mismo imponía con quienes lo rodeaban.

Es difícil o más bien imposible olvidar la imagen de Velazco. Esa postura casi marginal, con los ojos entrecerrados, el izquierdo un poco mas que el derecho, como si el sol le molestase permanentemente. La cabeza ladeada a la izquierda, tanteándose a menudo los testículos con su mano derecha bajo la enorme bola abdominal, y la otra mano enganchada del pulgar en el cinturón “provisto”.

Ya hemos dicho que pocas veces, cuando hablaba, se le escuchaba tratar otros temas que no fueran sus obsesiones militares, y que era prácticamente imposible lograr que incluso en algún momento de descanso él, nuestro casi mítico Sargento Primero Velazco, contase alguna de sus innumerables anécdotas de fiel soldado. En ocasiones lograr que hablase era ya tarea de titanes. Y aún mas que mantuviese una conversación.

La mayoría de sus historias llegaron a nosotros a través de camaradas ocasionales que vivieron la suerte de escuchar de sus labios aquellos relatos, y que luego se transmitían de boca en boca, pasándose como legado de clase a clase, de generación a generación. Muchas de esas acciones dejaron huellas imborrables en el cuerpo del Roña.

Pero vayamos al recuerdo de “nuestro” Sargento Primero en el combate contra las profesionales tropas inglesas de la OTAN durante la guerra de Malvinas en 1982.

Aquella despejada tarde de fines de mayo se presentó con un cielo impecable, totalmente despejado y con una suave brisa que provenía del mar desde el extremo sudeste. Ese día solo se destacaban sobre el celeste profundo del firmamento de Puerto Argentino las incursiones que realizaba, a gran altura, la aviación inglesa. No había habido rastros de niebla a la madrugada, la jornada se presentaba sin nubes, un día espectacular, incluso para los viles fines de la guerra.

No había mucha actividad de la defensa antiaérea, ni en la ciudad, ni en el aeropuerto, blancos permanentes de los ataques Ingleses. El combate se efectuaba en esos momentos en el aire a suficiente distancia de nuestras posiciones y quienes pasaban a gran altura eran aviones de reconocimiento y algunos bombarderos británicos a los que nuestras armas no podían alcanzar. Por otro lado, lejanos, se oían los ecos de algunos combates terrestres. Cada tanto la tierra temblaba ante el rugir del Gran Berta (Cañón de 155mm del G A 3), con el que se atacaba desde tierra a la flota inglesa situada a varios kilómetros de Puerto Argentino, evitando su acercamiento a tierra firme.

No había en nuestra zona, y en esas horas de la tarde, fuego de hostigamiento de la artillería naval británica con la que, ya a esa altura de la guerra, nos habíamos acostumbrado a convivir, sobre todo por las noches, momento elegido por los británicos para justamente hostigar y evitar el descanso de nuestras tropas.

Teníamos muy presente que los británicos ya habían desembarcado y que avanzaban lentamente, hora tras hora hacia nuestras posiciones, a pesar de haber perdido, de acuerdo a los partes que recibíamos por la vieja, noble y resistente Thompson, innumerables aeronaves (según nuestras propias cuentas en ese momento contabilizábamos 17 aviones derribados desde tierra), y varios buques entre los que sabíamos se encontraban el Sheffield, el Ardent, el Canberra, el Coventry, el Antelope, el Atlantic Conveyor, y algunos otros que estaban averiados o fuera de combate, y por cuya destrucción o avería habíamos festejado oportunamente.

Recibíamos permanentemente alarmas de posibles ataques, que luego se desvanecían y estábamos alternando situaciones de tensión y de descanso desde las primeras horas de la madrugada. Todos pasábamos de la incertidumbre, el nerviosismo de los pozos de zorro, de las posiciones de tiro, al temporal alivio del tenso descanso en las carpas de campaña o directamente en los alrededores de las mismas trincheras que rodeaban la ciudad. La comida escaseaba, las raciones de combate, cuando llegaban (una especie de Criollitas, una lata de Paté y una manzana verde, todo en dudoso estado de conservación), eran disputadas con desesperación entre la tropa, ya que normalmente lo poco que llegaba no alcanzaba para todos.

La espera, la ansiedad, las dudas que generaba en toda la tropa la permanente amenaza, nos hacía desear entrar en acción efectiva cuanto antes. El combate nos hacía olvidar el frío, la humedad, el hambre, la falta de sueño, los dolores y las heridas propias y ajenas, los caídos, los que estaban en el hospital de campaña luchando por conservar sus vidas o lo que quedaba de ellas.

Si bien la situación era en realidad desesperante, la claridad del día y la falta de fuego enemigo sobre nuestras posiciones desde hacía algunas horas, hacían que nuestro ánimo y nuestra moral estuviesen altos a pesar de la enorme tensión con que se vivían esos momentos. En la madrugada una poderosa bomba había alcanzado y eliminado a tres de nuestros compañeros apostados a escasos metros de nuestro parapeto, y dejado fuera de combate a otros dos. También otra bomba había dispersado granadas por la zona por lo que debíamos extremar los cuidados al desplazarnos. Según nos indicó el entonces Capitán Avellaneda se trataba de armas prohibidas por la Convención de Ginebra conocidas como Belugas.

El paso de las horas y la tensión ante las incursiones enemigas, no dejaba lugar para la sangre en nuestras venas, todo era en esos momentos adrenalina. Menos para Velazco que permanecía siempre sentado alternando tranquilamente posiciones entre alguno de los tres pozos que habíamos construido para defendernos y compartíamos con el Capitán Roque Avellaneda, el Teniente César A. Pintos, el Cabo Morales, y otros cuatro soldados (Iriarte, Ordoñez, Jáuregui y Mandrafina). Yo era el quinto y hacía las veces de operador de radio después que Moreno había caído herido el martes anterior.

- Mi Capitán, confirman que el alerta de los dos Harriers es ahora amenaza directa. Se acercan por el Corredor 3 y pueden atacar. Visibles y en alcance en cuatro minutos desde Araña 2.
- ¡Todos a sus puestos!. Confirme con Araña 2 que estén listos para abrir fuego.
Soldado Iriarte ¿que son estas latas de mierda?, ¡Saque esto de acá inmediatamente y póngase en posición!.
- Entendido mi Capitán, son latas de Roast Beef que dejó el Sargento Primero Velazco. Ya las tiro, mi Capitán.
- Araña central para Araña 2, Araña central para Araña 2, Araña 2 conteste, cambio.
- Cabo ¿donde está Velazco?
- Preguntó Pintos.
- Mi Capitán, Araña 2 en línea y preparado para abrir fuego.
- Bueno, ahora a esperar a ver si les bajamos alguno mas a estos hijos de mil putas.
- Mandrafina, ¿Dónde está Velazco?
- Desconozco mi Cabo, recién estaba acá, estará en la carpa.
- ¡Búsquelo, carajo!.
- Mi Teniente, ya mandé un soldado a ver donde está Velazco.
- Este gordo, ¿Dónde mierda se metió?
- ¿Qué pasa? No griten.
- Es Velazco, mi Capitán, lo buscaba el Teniente Pintos.
- César quedate tranquilo, seguro que fue a cagar, se mandó tres latas de Roast Beef frías. –¡Morales! que un soldado vaya a las letrinas a ver si está ahí.
- ¡Mandrafina! ¡Mire por las letrinas!
- Si, mi Cabo. Se escuchó desde lejos.
- Iriarte, ¡acompáñelo!.
- Pero …..mi Cabo …….
- Vaya carajo, que se nos vienen los ingleses encima.
- Mi Capitán, los Harries salen del Corredor 3, viran hacia el este. Se alejan. Confirman el fin de la amenaza.
- Confirme con Araña 2. La puta que los reparió, ¿vienen o se van? ¡Todo el día lo mismo! Que atacan, que no atacan, que vienen, que se van.
- ¡Iriarte!, ¡Mandrafina!
- Mi Capitán, Araña 2 confirma que se van, no entraron en alcance. Los ven alejándose y ganando altura.
- ¡Parte para el Cabo Morales!
- Entren carajo, ¿lo vieron?.
- El Sargento Primero Velazco no estaba en las letrinas mi Cabo Primero.
- ¿Se fijaron bien? Y no me ascienda que soy Cabo.
- Si mi Cabo.


Y cuando ya salíamos de los pozos con intención de relajarnos:

- Mi Capitán, Alerta Roja, otro avión pero por el corredor 1, contacto visual en quince minutos.
- Pero la puta madre, ¿de donde mierda salen estos hijos de puta? Que carguen de nuevo y esperen la orden de fuego. ¿No serán los dos putos Harries otra vez? ¿los que se iban?
- ¡Soldado Iriaaaarte!
- Ordene mi Cabo.
- ¡Vuelvan al pozo!. ¡Estén Preparados!

Luego de unos minutos en los que abundaban y se mezclaban las órdenes de alistamiento y de descanso:

- Mi Capitán el avión que viene es propia tropa. Confirman que es uno de los nuestros.
- ¿Que hace un avión nuestro por el 1? César vení conmigo un segundo afuera.
- Parte para el Teniente Pintos.
- ¿Que quiere soldado?
- El FAL mi Teniente, tiene tierra en el caño.
- ¿Usté es pelotudo?, ¿lo clavó en la tierra?, ¿Cuando lo van a entender? Al fusil lo tienen que cuidar.
- El suyo mi Teniente, es su fusil el que tiene tierra. Le avisaba antes que salga.
- Mi Capitán el avión del Corredor 1 parece que es un Dagger en estado de emergencia, ordenan un alto el fuego.
- ¿Que Alto el Fuego si todavía no disparamos? Que día de mierda…. Estos ingleses de mierda nos tienen locos. Pásele el Alto el Fuego a las posiciones, comuníquese con Araña 1, 2 y 3 y estemos atentos. Hoy nos tienen como a boludos.
- Entendido mi Capitán.
- Este es Araña Central para Araña 1, Araña 2 y Araña 3, contesten ….. Este es Araña Central…………..
- ¿Apareció Velazco? ¡Morales…., venga!.
- Mi Capitán todas las posiciones con Alto el Fuego. Informa puesto comando que es un Dagger en emergencia. Confirmado. Parece que el piloto viene a eyectarse, no puede regresar al continente.
- Bueno, por lo menos le tocó un buen día. Pero si cae al agua se va a recagar de frío. Ojalá no lo vengan siguiendo porque si no, nos van a hacer mierda. ¿Están seguros que viene solo? Chequee con Puesto Comando a ver si nos cagan a tiros.
- ¿Y Velazco? ¿Dónde se metió Velazco?
- Confirmado, viene solo. Diez minutos a la vista mi Capitán. Pero hay una alerta naranja por el corredor 3.
- César, fijáte vos cuando aparezca, salí con un soldado y avisános. Yo me quedo acá al lado de la radio. ¡Morales! que los soldados se queden en los pozos. Que estén atentos por las dudas. Vos escuchá y me avisás cualquier novedad. Nosotros nos quedamos acá.
- Entendido mi Capitán.

Quedamos así, en espera nuevamente, pendientes de otras novedades desde centro de operaciones central, sintiendo el peso de los minutos, de los segundos que parecían no pasar nunca. Todos deseábamos una nueva oportunidad de combate, a pesar de todo lo que ello podría implicar. La tensión de todo el día se sentía en el cuerpo. El celeste del cielo diáfano lastimaba nuestros ojos cansados. En esos momentos todo era silencio…… y espera, tensa espera.

La orden del alto el fuego parecía haber callado cualquier ruido en la isla y solo la brisa malvinera zumbaba suave y permanentemente en nuestros oídos. Era notable y sorprendía la sincronización, la rapidez y el rigor con que se ejecutaba la orden recibida en las distintas unidades. Aún sin tener la gran mayoría contacto radial, la orden de “a los pozos y alto el fuego” se transmitía de boca en boca, de pozo a pozo, y se cumplía a rajatabla sin cuestionamiento alguno.

Todo era espera, todo era tensión. Pocos tenían la noticia directa de lo que acontecía, todos tomaban sus posiciones y roles de combate sin saber que en pocos minutos más verían la última y difícil maniobra que ejecutaría ese valiente piloto para salvaguardar su vida, luego de alguna acción de combate realizada, y de la que su avión no había podido salir indemne.

Pocos estaban conscientes que tendrían quizás la posibilidad de convertirse en el héroe del día, al poder ir a rescatar al piloto (quizás herido), de poder acudir primero en su ayuda, de rescatarlo de las frías aguas del Atlántico Sur, o de darle los primeros auxilios al lanzarse sobre tierra.

- Mi Capitán, avión propio por el corredor 1. Contacto visual en ocho minutos.
- ¡César!, fijáte que ya viene. ¡Por la izquierda!, ¿ven algo?.
- ¡Entendido!
- ¿Y del 3? ¿Hay alguna noticia?
- Mirá, mirá ese allá arriba, está en la loma del orto, mirá como saca fotos. Ingleses de mierda. Ya ni te informan de los que pasan tan alto.
- ¿Donde mi Capitán?
- Allá arriba, a la derecha, aquel puntito, debe ser un Vulcan.
- ¿Cómo lo reconoce a esa distancia?
- Quien te dijo que lo reconozco. Que se yo. Digo que será un Vulcan. Todo el día volando, haciendo reconocimiento y nosotros no tenemos nada con que tirarles. La puta madre que los recontraparió; ojalá que este que viene les haya hecho cagar algún buque
- Y agarrándose la entrepierna y mirando hacia arriba a aquel lejano puntito y como si pudiese escucharlo, le gritó: “Tomá, puto, sacale fotos a ésta”

El zumbido del Dagger empezó a escucharse, suave primero y cada vez mas fuerte y claro; y también irregular. Era casi el único sonido sobre las cercanías de Puerto Argentino en ese momento. Desde nuestra posición podíamos ver las cabezas, los cascos asomando de los distintos pozos, de entre las piedras, a varios centenares de metros.

Aquí y allá todos estaban atentos al ruido que se acrecentaba por la llegada del avión. La figura inconfundible, los colores marrón y verde del camuflaje de combate, el perfil como de flecha, emergió casi desde el agua misma, parecía un como si un enorme pez saltase del interior del mar austral hacia el límpido cielo. Era notable la diferencia con la negra y corva figura de los Harries piratas. Hasta el sonido era diferente. No sé si porque eran nuestros, pero nuestros aviones, incluso los pequeños Pucará cuando levantaban vuelo, pienso ahora a la distancia, parecían más puros, más nobles, más “honestos”, mas lindos.

El avión se podía decir que ya estaba casi entre nosotros, en pleno corredor aéreo, y el piloto, conocedor, balanceaba el avión a derecha e izquierda, mostrando las escarapelas celestes y blancas de sus alas, buscando seguramente el mejor momento para eyectarse.

Una imagen imborrable, que en ese momento atribuimos a la pericia de ese hombre de armas y no quizás a la imposibilidad de mantener la aeronave averiada en condiciones normales de vuelo. Toda la tropa se encontraba atónita, a la espera del desenlace de esta acción, algunos incluyéndome, pensando en poder alzarse con la gloria, con las hurras, con el reconocimiento de haber sido quien rescatase a este héroe, a este noble piloto argentino.

Todos teníamos la mirada fija hacia la izquierda, hacia el Corredor 1, todos sentíamos la tensión en la piel, esperando que no se transformase todo en una sorpresa. Todos menos Velazco que en ese momento apareció de entre las piedras, lejos de los pozos, a varias decenas de metros por el extremo opuesto de donde se ubicaban las letrinas y donde habían ido a buscarlo, inútilmente, minutos antes mis compañeros.

Pensé por un instante, celoso, que el Roña nos llevaría ventaja en el rescate por estar mas cerca de la costa. Alcancé a verlo, lejos, por detrás del Capitán. Una sombra, un movimiento mas allá de los pozos, mas de treinta metros por detrás de nosotros, hacia la derecha y hacia la costa.

Supe instintivamente que el Sargento Primero se adelantaría a todos y se ubicaría en posición de privilegio para cumplir con su deber, para ganar los metros necesarios que podían ser decisivos para definir la vida o la muerte del aquel valiente piloto al eyectarse y caer a tierra. Que nuevamente se alzaría con la gloria y sería otra vez el héroe de la jornada.

Asomó, como acomodándose el pantalón, una mano tirando hacia arriba desde el cinto, la otra haciendo de pantalla bajo el casco para evitar el reflejo del celeste profundo del cielo. Caminó unos pasos, medio inclinado, levantándose desde detrás de las rocas, sin ningún tipo de resguardo ante cualquier peligro que podía presentarse.

El resto de la tropa estaba parapetada en sus posiciones, en tensa espera. Seguramente fue su instinto el que hizo que se detenga un instante al sentir el rugir de las turbinas y la proximidad de la figura del avión que avanzaba por el corredor y que ya estaba ganando posición frente a nosotros.

No sé decir como tuvo el tiempo o cuando realizó ese acto automático, casi reflejo, instintivo de guerrero, que sin titubear, sin dudar, sin buscar el apoyo de compañeros, sin ponderar riesgo alguno, sin medir la distancia que lo separaba de la nave que comenzaba a pasar frente a él (y a nosotros) al ras del agua, “el Roña”, “nuestro” Roña, salto de entre las rocas, se irguió firme, y pistola en mano empezó a vaciar el cargador contra el ya averiado y en ese momento desprotegido Dagger.

Fueron primero dos secos y sonoros disparos que cortaron el silencio de Puerto Argentino. Y cuando aún retumbaban estos dos primeros disparos, vinieron en cadena el resto de las detonaciones que emanaron de la mano de Velazco, que arrojando la pistola al suelo disparaba ahora desenfrenado su fusil, en una secuencia interminable, hasta agotar el cargador.

Vaya a saber si fue por la tensión, por la confusión del momento o incluso ayudados por los desmedidos gritos de Velazco incentivando a disparar:

- ¡Fuego!, ….¡Fuego! ……¡Tíren, carajo! ……¡Tírenle!, ¡Tírenle a ese hijo de puta!..........que eufórico emitía el Roña, con potencia suficiente como para que lo oyesen desde el continente. La cuestión es que en decimas de segundo, las demás armas parecieron sentirse invitadas a sumarse al festival de disparos de Velazco contra el avión que irrumpía en el escenario malvinense, por la izquierda, a muy baja altura, y ya casi frente a nosotros, como recién salido del mar en la escena tensa de Puerto Argentino.

Primero fueron las detonaciones, los ecos de la pistola, seguidas de continuo por los de su fusil, ya mezclados con uno o dos fusiles que se sumaron, y luego con otros mas, y después mas pistolas, mas fusiles, y también algunos cañones manuales de 30 mm apostados a cientos de metros de nuestra posición. En un par de segundos el contagio, la euforia de disparar, la confusión de la órdenes con la realidad que se vivía (muchos casi inútilmente gritaban “¡Alto el Fuego!”), se apoderó de la mayoría de la tropa apostada, y casi todos estaban descargando sus armas contra el avión que tenían enfrente, que seguía bamboleándose, cada vez menos sincronizadamente, mostrando las escarapelas, cada vez volando mas bajo, cada vez mas averiado, cada vez con menos estabilidad, cada vez con mas llamas sobre las alas y sobre el fuselaje, cada vez con menos posibilidad de eyectarse, cada vez mas descontrolado y con mas fuego encima, cada vez con menos vida. Hasta que solo fue una bola humeante que se despedazaba contra las rocas y el agua de la costa, destruido.

Parecía una acción sincronizada, por no decir demente. En ese instante recordé cuando en los fines año solo minutos antes de las doce de la noche comienzan a oírse algunos cohetes, a verse los primeros destellos de las primeras cañitas voladoras y fuegos artificiales en el cielo, y enseguida, en cuestión de segundos, todo se contagia de explosiones de sonido, de luz y de color. Lástima que el escenario era otro. En medio de los disparos, soldados y cuadros salían de sus pozos, algunas armas humeantes, la mayoría gritaba, festejaban la destrucción de la nave, que muchos supusieron enemiga.

- Pero (dije) …. mi Capitán, era un avión nuestro……..¿que pasó?.
- Somos unos boludos, estas cosas pasan.
- Y encima festejan……..
- Si calláte, no digas nada. Que no se desaliente la tropa….. dejálos que festejen.


Me quedé perplejo, en silencio, observando. Nos miramos con Pintos, que parado en su posición, serio, bajó la mirada.

En los alrededores había gritos, festejos, hurras con los brazos en alto, de quienes se sabían parte de esta acción de combate.

El Roña entre ellos, saltaba eufórico y corría a abrazarse con otros soldados y colegas. En ese momento me pareció escuchar al Capitán que con la mano derecha tomándose la frente, y la otra cerrando el puño con fuerza, se alejaba de nosotros mientras decía algo de un gordo pelotudo.



(A la memoria de la caída del Cap. Gustavo Garcia Cuerva)

CCH